febrero 27, 2013

Adenda


(respondiendo a las "preguntas y respuestas respondidas" del blog  Syllabus):

Primera aclaración: en nuestro post original respondimos las preguntas que formula un colaborador de Radio Cristiandad que pretendía mostrar una suerte de traición de Mons. Williamson al fundador de la FSSPX, y en ese aspecto puntual "atacamos" no a Mons. Williamson sino por elevación a Radio Cristiandad, por su excesivo "purismo". 

Segunda aclaración: como las respuestas de Syllabus van dirigidas tanto a Radio Cristiandad como a nosotros, tomaremos sólo aquellos párrafos que nos atañen: 


Syllabus: Monseñor Williamson, revolucionario? ¿Qué entiende el autor de la nota por “revolucionario? ¿Cuál es el pensamiento revolucionario de Mons. W.? ¿O será que ser un revolucionario para este escriba es ser un “revoltoso”? ¿Pensará lo que escribe? 

Acepción de "Revolución" por la RAE: 3. f. Inquietud, alboroto, sedición.
Podríamos agregar revuelta si el autor de Syllabus prefiere. Repetidas críticas públicas a la autoridad y presumiblemente (nunca fue desmentido por él) filtración de cartas privadas constituyen a nuestro juicio, una inquietud, alboroto, sedición...revuelta, o sea, revolución.


Syllabus: ¿a qué viene esta agresión insensata para con un obispo católico expulsado de su congregación por enfrentar al liberalismo del Superior General? Tal vez sea que el autor es un liberal y entonces el católico tradicional resulta ser un “revolucionario” al que hay que denostar por ser su mayor enemigo

No discutimos la expulsión de Mons. Williamson de la FSSPX (que nos pareció lamentable). La "agresión" en cambio, es suya, cuando tilda al Superior General de la FSSPX y nos presume a nosotros de "liberales"...

Syllabus: Segundo, no puede aceptarse el motu proprio por la mitad, o se lo acepta todo o se lo rechaza todo. Si bien tiene una parte buena –la que permite a todos los sacerdotes celebrar la Misa tradicional-, esa parte está condicionada por la parte mala, que subordina esa misa y la usa como excusa para glorificar la mala misa. El documento –que es uno y no dos documentos y por tanto indivisible- sirve para tolerar por parte de Roma un bien que no quieren –la Misa tradicional, pero les da pie para aprobar un mal mayor –la Misa nueva-, por lo tanto es inadmisible su aceptación, pues es más el mal que el bien que se obtiene, aunque eso no impide que se pueda reconocer que en los papeles el documento tiene una parte buena

Nos quedamos con la última parte de su respuesta: Mons. Fellay (y Mons. Williamson) reconocieron la libertad de la Misa tradicional que tiene, "en los papeles", el documento llamado "Summorum pontificum" ...si además debieron criticar los errores que ese documento posee es otro tema (de hecho, al momento de emitirse el documento  y después de todas las presiones en su contra, no creo que hubiese sido oportuno)

Syllabus: Por otra parte, tal fantochada –la de levantar unas excomuniones que no existen- no restablece ninguna justicia, sino que da la “apariencia” de una justicia. Pero la mentira no trae la justicia. En nuestra opinión tal acto ha sido sumamente grave y hoy se pagan las consecuencias con la disolución de la Fraternidad.

El decreto por el cual se levantan las "excomuniones" lo que hace es declarar "carente de efectos jurídicos" -a partir de su dictado- el decreto de "excomunión" de 1988. No se pronuncia sobre la validez o no de la pena. Lo que nosotros decimos es que la pena de excomunión es nula, pero el decreto existió. Dejarlo sin efecto es hacer justicia.

Syllabus: También hay que decir que es cierto que “testimoniar la verdad” no es ninguna falta, y que el error está en dar la verdad a quien no da muestras de quererla. Pero esta es una cuestión opinable, pues ¿siempre se está seguro de lo que el otro quiere o no?
Digamos también que la “farsa” de las “discusiones doctrinales” es algo que quizás pueda decirse ahora, pero tal vez no fuera tan claro entonces. Es otra cuestión muy opinable, aunque ciertamente las reservas frente a los modernistas debieron ser mayores, lo que hace ver una falta de aprendizaje de la experiencia sufrida por Monseñor Lefebvre. 

Correcta la primera parte. Creemos que Mons. Lefebvre habría sí aceptado las discusiones doctrinales sólo que hubiese sido más incisivo  y más hábil que los representantes de la FSSPX nombrados por Mons. Fellay. Probablemente les hubiese exigido que los problemas doctrinales sean definidos mediante sentencias infalibles, las únicas capaces de dilucidar las divergencias.

Syllabus: La respuesta dada en el otro blog a esta pregunta se equivoca con respecto a que las causas (el estado de necesidad) cesan para tal irregularidad de la Fraternidad, como si Roma hubiese vuelto a la Tradición. Eso es lo que postuló Monseñor Lefebvre más allá de las consagraciones episcopales, en aquel famoso texto donde afirmó que sólo volvería a dialogar con Roma si ésta aceptaba todas las encíclicas de los anteriores papas antimodernistas. Por otra parte quien está en situación irregular con respecto a la doctrina católica es la Roma modernista, y es ella quien debe buscar de regresar a la regularización.

Si los autores de Syllabus han leído los posts de Lhd desde 2006 conocen que para nosotros, en una argumentación de absoluta lógica, el estado de necesidad consistió  en la necesidad de perpetuar la Tradición (la conversión de Roma, deseada por todos, no fue el motivo de las consagraciones episcopales sin mandato del Papa). La perpetuación de la Tradición se logra ordenando sacerdotes (en 1976) y Obispos (en 1988) cuando éstos no existían.  Si Roma (desde el 2000 en adelante) estaba dispuesta a reconocer a los cuatro Obispos y dejarles hacer la "experiencia de la Tradición" (en toda su dimensión), no había ni hay motivo para negarse, so pena de cisma. Si bien el modernismo está instalado en todas las esferas en Roma, no podemos descartar alguna buena iniciativa que provenga de sus autoridades sin caer en un determinismo o predestinación protestante.

Syllabus: Pero esto, coincidimos con el otro bloggero, es hipotético. 

Gracias.