sábado, 3 de noviembre de 2018

Testimonios


Ya nos hemos referido a los Testigos vivientes de estos tiempos de Apostasía general, los que se encuentran en vísperas de "resucitar" -de qué manera no podemos precisarlo- "a la vista de sus enemigos", acontecimiento que tendrá pues un marcado sesgo de reivindicación frente a  "quienes los vieron" (Ap 11, 11)

A la identificación que propusimos hemos arribado descartando otras que no coinciden con el contexto  -el testimonio de que hablamos tiene epicentro en el "templo de Dios",  tiene como enemigo a la "bestia que sube del abismo" y su culminación equivale al "segundo ay" que precede en forma inmediata al tercer y "último ay" que es la trompeta final- o con los datos aportados por las Escrituras, como es el caso del "intercambio de regalos" ante su "muerte".

Nos vamos a referir en concreto a dos identificaciones personales -para los que gustan de ver las figuras bíblicas reducidas a individuos- que pudieron revestir la calidad de Testigos escatológicos por algunas señalizaciones pero que, como dijimos,  finalmente no las reunían todas: la de San Pío de Pietrelcina y la de la Hermana Lucía del Corazón Inmaculado.

Que no hayan resultado ser los Testigos escatológicos no les impidió el dar testimonio  frente a un mundo que se encontraba ya en decadencia (de hecho, su vida transcurre en lo que nosotros entendemos constituye la "primera mitad" de la "última semana" que predijo el profeta Daniel).  A tal punto que algún exégeta pudiera pensar erróneamente (en cuanto a la adjudicación, no a la sustancia) que sus respectivos testimonios, el de la Penitencia (Enoc) se encuentra en el Padre Pío y el del Profetismo (Elías) en la Hermana Lucía. 

Resulta que ambos tuvieron que enfrentarse a las maquinaciones del entorno para acallarlos y que llegado el momento de aparición de la "bestia" (no es el punto ilustrarlos ahora de si se refiere a una -la del "mar"- u a la otra -la de la "tierra"), el uno falleció (en septiembre de 1968) y la otra fue  probablemente sustituida en público por primera vez durante la visita de Pablo VI a Fátima en 1967. Claro que no hubo "intercambio de presentes" global (a no ser el de un reducido grupo de enemigos íntimos si fuera el caso). 

Igualmente, el dato de la fecha de sus "muertes" (muerte física en un caso, de probable "reclusión vigilada" y de sustitución en público en el otro) no deja de ser significativa: ocurren a poco de instaurarse el rito Novus ordo, rito ilícito que desvirtúa el Sacrificio y respecto del cual, la participación o aprobación de estos indiscutidos santos resultaría de lo más equívoca. En el caso del Padre Pío queda claro que el mismo nunca celebró el rito novus ordo (más allá que se le impusiera rezar la tradicional cara al pueblo) y en el caso de la Hermana Lucía se encuentra (casi) probada su sustitución en público, tal como conjeturamos aquí (a este respecto, seguimos con mucha atención los estudios técnicos del equipo de Lucy Truth (1), los que no han concluído aún).

Y nótese que no hablamos del reconocimiento que ambos tuvieron hacia la autoridad, el que se desprende  de sendas cartas, como la que San Pío enviara a Pablo VI con motivo de la Encíclica "Humanae vitae" (aquí)  o la que la Hermana Lucía enviara en setiembre de 1970 a Madre María José Martins recomendando el Rosario, cuya devoción no habría sido dejada de lado por el "Sagrado Concilio y el pontífice supremo" (en "Fatima, joie intime événement mondial", p. 328).


(1) El sitio que promueve el "Lucy Truth" puede que sea de tendencia sedevacantista. En todo caso, nos interesa la verdad a la que pueda arribar, en cuanto a la identidad de la Hermana Lucía y a su caligrafía. Luego de publicada nuestra entrada, el sitio publica un llamado a los interesados en proporcionar documentos que ayuden a clarificar lo de su caligrafía y eventualmente pronunciarse sobre la autenticidad del "tercer secreto" publicado por el Vaticano en el 2000. A su vez, coloca dos cartas, una de 1940, que consideran auténtica y otra de 1970 respecto de la cual emiten dudas. Curiosamente, en esta última, se menciona lo de la "autoridad suprema" de Pablo VI (en concordancia con lo que publicamos nosotros). Nos llama la atención el tenor de esa carta, no tanto por el reconocimiento de la autoridad de Pablo VI (que tenemos por cierta y que queda respaldada asimismo por el testimonio del Padre Pío) sino por la obligación, que manifiesta quien firma como la Hermana Lucía, de "seguir su Doctrina, sus enseñanzas y sus directrices" (sic). Esto ultimo nos resulta muy sospechoso puesto que en esa fecha ya estaba instalado el Novus ordo y habían pasado las novedades conciliares y que ese mismo año nacía canónicamente la FSSPX. Lo más grave es que ese tipo de caligrafía (parte en cursiva y parte en letra de imprenta) es la misma del famoso extracto sobre el tercer secreto "que tanto ansiais por conocer" (supuestamente dirigido a Juan Pablo II) y los relatos de su redacción en "Sob olhar de María"...

2 comentarios:

  1. Todo este tema de la hermana Lucía es tan extraño. Recuero haberle preguntado a Julio Alvear Téllez, autor de un libro sobre Fátima (muy bien documentado), publicado el año pasado, que qué pensaba de la actitud de la hermana Lucía en sus últimos años y me contestó que le producía total perplejidad y que sólo podía atribuirla a dos razones: que había defeccionado en la Fe y sucumbido a la presión del clero conciliar o que había sido sustituida por otra persona. Ambas explicaciones parecen inverosímiles, pero qué más podemos pensar. Su opinión es también la de que este "tercer secreto" es un mero embuste.
    Lo que a mí me resulta muy difícil de entender es que el verdadero tercer secreto esté destinado a permanecer oculto para siempre (por mucho que se lo pueda conjeturar con bastante certeza), porque entonces no termino de ver su razón de ser, salvo quizá hacer perfectamente responsables a quienes sí lo conocieron de las cosas que en definitiva hicieron.
    Respecto de la profecía de un papa que cae muerto, concuerda al menos con San Juan Bosco y San Pío X, lo que me hace pensar que puede ser auténtico.

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  2. En efecto, suena a uno de esos "falsos prodigios" de la "Bestia de la tierra". La defección en la Fé la descartamos, ya que la Virgen le prometió que iría al Cielo (además, de lo contrario, el instrumento elegido para dar testimonio no habría sido el adecuado, lo cual es impensable). Resta la sustitución, pero aquí debemos ir con cuidado: hasta ahora, la prueba producida por "Lucy Truth" es indiciaria (el set de fotos que coloca), pero demuestra que la Hermana Lucía (la verdadera) efectivamente reemplazó sus dientes (esto no se conocía); luego quedan las diferencias con la "Lucía" de 1967, pero que a nuestro modo de ver todavía no son concluyentes.
    Los escritos y las entrevistas son muy extraños, empezando por el del "tercer secreto". Existe una interpretación (en inglés) de que el "Obispo vestido de blanco" es en realidad Monseñor Lefebvre, lo cual resulta muy plausible: http://www.dailycatholic.org/issue/2003May/1mayfat.htm,
    pero queda desmentida en parte por la reafirmación, párrafo seguido, de que se trata del "Santo Padre"...
    Además de que la caligrafía tampoco coincide, nuestra idea de lo que efectivamente dice el verdadero tercer secreto no se deduce claramente del texto publicado por el Vaticano.
    Veremos en qué queda la investigación...

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