martes, 12 de julio de 2016

La Ramera que no es



Juan Manuel de Prada, el brillante escritor español, ha escrito una nota en "Abc" que titula "La última luz" en la cual, a la par de revelarnos que pasa personalmente por una "noche oscura", efectúa una comparación entre las dos Mujeres del Apocalipsis, a las cuales confiere un significado particular: la Ramera es, para él, la  religión adulterada y la parturienta es la religión fiel.

Sabemos que el autor ha estado muy influenciado por el P. Castellani, que es quien expone esa exégesis en el Capítulo I  del cuaderno III de su libro "Los papeles de Benjamin Benavides": "Las Dos mujeres del Apokalypsis representan la religión en sus dos polos extremos, la religión corrompida y la religión fiel, la Forneguera sobre la Bestia roja y la Parturienta  vestida del sol de la Fe, pisando la luna del mundo mudable, y coronada  de la venticuatral diadema estelar, patriarcal y apostólica".

Nosotros efectuamos una exégesis de las profecías vetero y neo testamentarias que conforman un sistema (para quienes lo conocen, con mucha lógica) pero respecto del cual  y por razones que nos incumben, preferimos mantener reserva. En ella, la Mujer parturienta es ciertamente la Iglesia (también, por razones cronológicas, la Virgen de Fátima) que luego del nacimiento de su misterioso "hijo varón" (el "remanente fiel"), es llevada al desierto. Pero la Ramera no es en absoluto la falsificación del catolicismo asociada a la "Iglesia conciliar". Esta se encuentra representada en el "Falso profeta" que "tiene cuernos como el Cordero pero habla como el dragón" (Ap 13, 11).

El peligro de la explicación del P. Castellani, que retoma Juan Manuel de Prada, es que se aparenta y mucho a la exégesis protestante: para ésta, las "siete colinas" son las de Roma y por tanto la Ramera que está sentada sobre la "Bestia romana" es "el Vaticano" (ya ni siquiera la "Roma imperial"...). Esta exégesis ha sido adoptada como suya -por razones obvias- por los sedevacantistas (así por ej. por los "Hermanos Dimond"). Pero es peligrosa no tanto por la naturaleza que se le quiere dar a la Ramera que es precisamente la de ser una falsificación -como dice el mismo P. Castellani una ramera no se distingue externamente de una que no lo es- sino porque no cuadra con los restantes elementos que nos brindan las Escrituras.

En efecto, la Ramera se asienta sobre "siete colinas", que "son siete reyes" (Ap 17, 10) los que a su vez son identificados como las "siete cabezas de la Bestia". Allí es donde los partidarios de esta exégesis empiezan a hacer agua: los protestantes hacen coincidir a la Ramera con la aparición del "Estado del Vaticano" luego de los Acuerdos de Letrán de 1929 y así la "primera cabeza" es para ellos, el Papa Pío XI...y  los del "sedevacantismo", si la retoman tal cual (y los Dimond lo hicieron), están entonces diciéndonos que ese Papa y Pío XII fueron "cabezas" de la Bestia, con sus propios "títulos blasfemos"...(¡los blasfemos son ellos!). 

Los que tienen más vergüenza al menos tienen la precaución de hacer empezar el cómputo de las siete cabezas con Juan XXIII... pero siguen haciendo agua: Francisco sería el que, en la visión de San Juan, correspondería a la cabeza sexta: "cinco han caído, uno es". ¿Y porqué "es"? ¿acaso vivió en esa época? Claro que entonces tendríamos que esperar a un séptimo y a un octavo..."que es uno de los siete" (a lo mejor piensan que quizás un Papa futuro se reencarne en Francisco o en Pablo VI  quién sabe...).

Luego, tendrían ellos que dar cuenta de porqué la Ramera  se encuentra "ebria de la sangre de los santos y de la sangre de los testigos de Jesús" (Ap 17, 6) , de porqué en un momento dado esas mismas cabezas se volverán contra ella y la dejarán "desolada y desnuda" (Ap 17, 16) y de porqué los mercaderes del mar o los marineros se lamentarán por su caída  (Ap 18, 15)...Inconsistencias que le dicen...

Todo ello debe hacernos ver el error que supone el seguir explicaciones o exégesis que no por unánimemente consensuadas dejan de ser inexactas,  que para no salirnos del tema (la Ramera que no es) no vamos ahora a ejemplificar. 

martes, 5 de julio de 2016

El Dardo que no da en la diana



Me figuro a Dardo como siendo uno de los "antiguos" de la feligresía de la FSSPX, con todos los pro y los contra que tiene esa condición. Y como tal, lo respetamos (amén de ser el hermano de un Sacerdote de esa congregación). Pero nos hubiese gustado que Dardo tuviera un poco de consideración por nuestra "antigüedad", que es la de ser un blogger con casi diez años en la red (es cierto que con una interrupción en el medio). Porque en ese caso, Dardo,  se perdió mucho de nuestro "derrotero" (y nos reímos de la palabra porque pareciera que esa senda ha estado pautada por "derrotas"). 

La acusación que sugiere en relación a nosotros parece una enormidad: "fariseo". Pero no nos escandalizamos,  nosotros mismos la hemos utilizado (aunque en forma genérica) para referirnos a quienes nos tildan (sí, porque pertenecemos Dardo a la misma filiación espiritual) de cismáticos...Pero no sólo "parece" sino que es una enormidad: comparar a la perversión de la Ley antigua con la fidelidad a la Ley perfeccionada por Cristo mismo, lo es. 

Porque la Ley canónica, como emanación del Derecho divino y de la constitución divina de la Iglesia (dejando a un lado aquello que no pertenece al magisterio ordinario y de paso lo remito a nuestra nota que comenta la suya) debe ser de estricta observancia. Fíjese que, aunque parece haber quedado en el olvido por los cristianos de hoy, el Derecho canónico nos rige desde que nacemos a la Fe (bautismo), pasando por las etapas de crecimiento de la vida espiritual, nuestro estado de vida y nuestra muerte...La misma acusación de "cisma" que nos hacen es una acusación que responde al Derecho canónico, el cual proporciona la definición del delito en cuestión, así como las eximentes de responsabilidad...

Luego, se suele decir que debemos "dar razón de nuestra Fe" y agregamos, de todas nuestras acciones. Eso lo hacemos cotidianamente. No sé si Ud. Dardo está felizmente casado o no. Pero si a Ud. le preguntaran del porqué se casó con su Señora, Ud. no respondería "porque sí". Daría razones (porque le atrajo su físico, por las virtudes que presentaba, etc). Lo mismo hacemos nosotros con nuestra pertenencia a la feligresía de la FSSPX. Si no, puede pasar como aquella persona  -"fiel" de la FSSPX- que al serle preguntado  porqué la FSSPX no propiciaba la asistencia a la nueva misa, respondió (fuimos testigos de ello) que era porque en la nueva misa "¡no había consagración!"...que es justo lo único que podemos decir que, por misericordia divina, quedó en pie (excepto la cuestión de la "intención" del Sacerdote)...

Nosotros tenemos una confianza ciega en la FSSPX (si nos hubiera leído, Dardo, se habría dado cuenta que hasta le adjudicamos a ella y a las "comunidades amigas", la nota de "testigos escatológicos"). Y en ese carácter, con una suerte de "infalibilidad". Por ello, deberíamos hacer como Ud. (no preocuparnos en lo más mínimo de las decisiones de la FSSPX). Pero es que queremos "dar razón" de ellas...Además que esa suerte de "infalibilidad" no se extiende más que al testimonio de la doctrina y de la liturgia de siempre, no se extiende a otros actos (por caso, el diseño de la capilla madrileña de la FSSPX...) y que tampoco sabemos si todos quienes pertenecen a la FSSPX actúan o promueven acciones en línea con ese testimonio o se apartan de él...

Porque detrás de todo ello, hay una motivación apostólica: queremos atraer almas a la FSSPX, tantas como se pueda, y hoy por hoy, nos guste o no, hay que hacerlo con el Código de Derecho Canónico en la mano, porque nos lo preguntan, y los que no nos lo preguntan son como aquél "fiel" que no supo dar razón...Lo otro es puro liberalismo (estoy aquí o allá porque "me da la gana") o modernismo (porque lo "siento así" y cuando dejo de sentirlo ya no más).

Cristo mismo nos pedirá "cuenta" (razón de nuestros actos): Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?” (San Mateo 22,1-14).

lunes, 4 de julio de 2016

Punto de inflexión: el "miedo grave" en el centro de la cuestión



Los tiempos de Mons. Lefebvre fueron los del "estado de necesidad": el Obispo francés se vió obligado a consagrar Obispos sin autorización del Papa por la "necesidad" de contar con Sacerdotes que perpetuaran la Misa y la Doctrina de siempre.

En los tiempos que siguieron, hasta el día de hoy, la FSSPX ha rechazado -no obstante "conversaciones" y "acercamientos"- llegar a un acuerdo canónico con Roma. En un primer momento la causa fue la "falta de confianza" que impulsó los "prerrequisitos" (liberación de la Misa, levantamiento de las "excomuniones", conversaciones doctrinales), luego fue la condición puesta a último momento por parte de Roma que comprometía la Fe y finalmente, la situación de confusión extrema en que se encuentra la Iglesia.

En paralelo, nuestra posición fue la de que la FSSPX se ajustara al Derecho canónico, no por un amor a la "letra" de la Ley  sino por ser ésta expresión del Derecho divino, en virtud de la constitución divina de la Iglesia. Y así, las evasivas, postergaciones y dudas que evidenciaban las respuestas de la FSSPX en sucesivas etapas las adjudicamos al "celo amargo", a un cierto espíritu liberal -de la que ninguno está exento máxime en este tiempo - o mismo (en algunos) a un espíritu "cismático".

Es posible que algo de ello haya existido, pero no podemos negar que también influyó y mucho un "temor" a lo que pudiera pasar una vez regularizados, sobre todo teniendo en cuenta ciertas experiencias padecidas por los llamados "institutos tradicionales" (dificultades en la expansión, condicionamientos de tipo doctrinal, intervenciones por comisarios, etc).

Esta particularidad llevó a que tratásemos de ver si ese sentimiento podía verse plasmado en el Derecho canónico o no y de ese modo si podía esgrimirse como causal para una negativa a la regularización.  Como confiábamos, encontramos entre las causales de justificación que eximen de pena en un delito canónico, al "miedo grave":

1323  No queda sujeto a ninguna pena quien, cuando infringió una ley o precepto:

4 actuó coaccionado por miedo grave, aunque lo fuera sólo relativamente, o por necesidad o para evitar un grave perjuicio, a no ser que el acto fuera intrínsecamente malo o redundase en daño de las almas

La ley de que se trata en la ocasión es la que citamos en la entrada anterior: canon 265 del CIC: "Es necesario que todo clérigo esté incardinado en una Iglesia particular o en una prelatura personal, o en un instituto de vida consagrada o en una sociedad que goce de esta facultad, de modo que de ninguna manera se admitan los clérigos acéfalos o vagos"

En una primera aproximación pensamos que siendo las contingencias negativas que pudieran sobrevenir a la FSSPX una vez regularizada una mera hipótesis, la oposición a dicha regularización no encuadraba en las previsiones de la Ley. Decíamos: "Si nos permiten la supervivencia no hay tal "estado de necesidad"; tampoco un "miedo grave", puesto que éste no puede consistir en “sospechas, temor hipotético”, debe ser “inminente y grave” (Diccionario de Derecho canónico, C. Corral, José Ma. Urteaga, p.39)"

A raíz del reciente "Comunicado" de Mons. Fellay que se hace eco de la reunión de "Superiores de Distrito", de nuestras entradas exigiendo a las autoridades de la FSSPX una "fundamentación" de la aparente decisión de no aclanzar un acuerdo canónico en este momento y los comentarios suscitados aquí y allá a su respecto, nos propusimos indagar un poco más en el instituto del "miedo grave".

De lo que resulta que éste puede ser tanto presente como futuro (en todo caso y como dijimos, no "hipotético") y que se verifica cuando "el sujeto se ve necesariamente inducido a tener un comportamiento antijurídico y a elegir lo que le parece de momento como un mal menor" (A. D' Auria, "L' imputabilità", p. 157). Debe tratarse de un miedo "grave" y no "leve": así por ej. se considera que el "temor reverencial" es leve, y la gravedad debe evaluarse en relación a la "sensibilidad" del sujeto. Y basta el "miedo relativo", que afecta al sujeto concreto subjetivamente.

Entonces, en vistas de que lo que está en juego es la Fe y la expresión o defensa de la misma, teniendo presente la subjetividad implícita en el concepto, estamos en condiciones de decir que es posible alegar el "miedo grave". Y también, en mérito a esa misma "subjetividad" o "sensibilidad", establecer que puede haber grados, todos ellos respetables. 

Es "posible alegar" el "miedo grave" pero no tenemos certeza. Hay argumentos a favor: ej. ninguno de los "institutos tradicionales" en cuanto tales -en sus sitios respectivos o por otras vías- criticó la "Amoris laetitia" y eso habla de un limitación para expresar la Verdad. Y hay argumentos en contra: la crítica es posible, aunque más no sea a título personal como lo hicieron Prelados o laicos dentro de la "oficialidad". Por otro lado, podemos intuir el  "miedo grave" de Mons. Williamson -que lo justificaría en su actuar- y nos es difícil determinar el "miedo grave" que le cabría a Mons. Fellay si es que lo tiene y debió enfrentarse a él en alguna situación.

Aquí queremos traer a colación el pasaje escriturístico que podría ser un ejemplo de la aplicación de esta causal (sin perjuicio de advertir desde ya que no se trata de hacer una trasposición exacta) , del que podemos extraer valiosas lecciones. Se trata de la fidelidad de la observancia del Sábado  en el marco de la guerras macabeas:

29 Entonces muchos judíos, amantes de la justicia y el derecho, se retiraron al desierto para establecerse allí
30 con sus mujeres, sus hijos y sus ganados, porque la desgracia se había desencadenado sobre ellos.
31 Los funcionarios del rey y la guarnición que residía en Jerusalén, en la Ciudad de David, recibieron la denuncia de que algunos hombres, conculcando la orden del rey, habían ido a ocultarse en los escondites del desierto.
32 Un fuerte contingente salió a perseguirlos y logró alcanzarlos. Los cercaron y se dispusieron a atacarlos. Era un día sábado,
33 y les dijeron: «¡Es hora de acabar con esto! ¡Salgan, cumplan la orden del rey y salvarán sus vidas!».
34 Ellos respondieron: «No saldremos, ni obedeceremos la orden real, profanando así el sábado».
35 Inmediatamente los atacaron,
36 pero ellos no se defendieron, ni siquiera arrojándoles piedras o cerrando la entrada de sus refugios.
37 «Muramos todos, decían, manteniendo nuestra integridad. El cielo y la tierra son testigos de que ustedes nos hacen perecer injustamente».
38 Así fueron atacados en pleno sábado, y perecieron los hombres con sus mujeres, sus hijos y el ganado. Eran en total unas mil personas.
39 Al enterarse de lo ocurrido, Matatías y sus amigos se lamentaron amargamente por las víctimas,
40 pero dijeron: «Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra esta gente en defensa de nuestras vidas y de nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán de la tierra».
41 Y aquel mismo día resolvieron lo siguiente: «Hagamos frente a todo el que venga a atacarnos en día sábado, para no morir como nuestros hermanos en sus refugios». 

Lo primero que notamos es que no hay reproche ni del autor sagrado ni de los propios macabeos hacia sus coterráneos. No les imputan haber sido unos imprudentes o unos ilusos.  Se lamentaron por sus "hermanos" (muy lejos de las diatribas que percibimos en nuestro caso). Lo segundo, que el mal no evitado fue el de perder la vida. Y la comparación viene al caso, toda vez que aquí se trataría de la vida espiritual. Tanto es así que uno de los participantes de la reunión de Superiores, el Superior del Distrito de Asia de la FSSPX, se refiere en su sermón a la "muerte espiritual" que pudiera significar el ponerse hoy en día bajo el control de Roma. Lo tercero, que el enemigo del pueblo elegido era en la ocasión una fuerza política que ocupaba Jerusalén.

En relación a esto último es donde la transposición falla, puesto que el enemigo de la Tradición es un "cuerpo doctrinal" enquistado en la Iglesia verdadera. Un "Falso profeta" con poder de "embaucar" (Ap. 13, 14). Pero el mismo se encuentra entremezclado -como el trigo con la cizaña- con la Institución que tiene las promesas divinas. Y en virtud de ello, el "miedo grave" -dependiendo, como dijimos, del momento,  la subjetividad y  la sensibilidad del sujeto- puede llegar a desaparecer.


sábado, 2 de julio de 2016

Recapitulación

Y no es un juego de palabras con el "Capítulo general", puesto que, según se nos hace saber por parte de una fuente creíble, no se trató, strictu sensu, de un Capítulo general, sino de una reunión de Superiores generales convocada aprovechando la concurrencia de muchos de ellos a las ordenaciones sacerdotales del 29 de junio pasado en Ecône.

Tomamos conocimiento de la respuesta a nuestra entrada por parte del participante "Ennemond" del Forum catholique, la cual fue retomada asimismo en el portal "Tradinews". Repercusión de la cual nos congratulamos, a fin de que todos -autoridades religiosas y fieles- podamos sacar conclusiones de este "impasse" en que se encuentran las relaciones entre Roma y la Tradición. 

De hecho, nuestra visión consistió en poner de manifiesto "ambivalencias" , esto es, aquello que presenta "dos interpretaciones o dos valores, frecuentemente opuestos" según la definición de la RAE. Por tanto, no negamos que hubiera en el "Comunicado" valores o aciertos, como los de recordar la grave crisis de la Iglesia y lo que la caracteriza ante todo (la sustitución del culto de Dios por la del culto del hombre), la necesidad de "restaurar todas las cosas en Cristo" o la de confiar en el triunfo del Corazón Inmaculado de María prometido en Fátima. Los que nos parecieron "anti-valores" los pusimos a consideración de ustedes. 

En ese sentido, se nos dice por el mismo "Ennemond" (allegado a las autoridades de Menzingen pero quien aclara que su opinión sólo lo concierne a él), que la nuestra es una interpretación equivocada de los alcances del "Comunicado" en cuanto el mismo no haría referencia a la aceptación o denegación de un supuesto reconocimiento canónico.

En rigor, debemos darle la razón a Ennemond (y asimismo a nuestro habitual comentarista "Francisco"): desde el momento en que Roma, en la persona de Mons. Guido Pozzo, afirma que las tratativas seguirán su curso en un futuro próximo, no se puede concluir otra cosa que no hubo una propuesta de  reconocimiento canónico formal , al menos uno que se propusiera "bajo apercibimiento" de una sanción canónica (recordemos que según el canon 265 del CIC: "Es necesario que todo clérigo esté incardinado en una Iglesia particular o en una prelatura personal, o en un instituto de vida consagrada o en una sociedad que goce de esta facultad, de modo que de ninguna manera se admitan los clérigos acéfalos o vagos").

De igual modo, es posible interpretar que la referencia al "Papa que favorezca concretamente el retorno a la Tradición" en relación a la "restauración de todas las cosas en Cristo", no es óbice a la recepción de un reconocimiento canónico que, en calidad de medio provisto por la "Divina Providencia", implique la posibilidad de "restablecer y difundir el Reino social de Nuestro Señor Jesucristo".

En definitiva, en ningún momento hemos sido categóricos en cuanto a proclamar una "defección" (en este caso por desobediencia injustificada a Roma) de la FSSPX (así lo dejamos traslucir en nuestra primera entrada al decir que los dichos del Card. Muller habían "salvado" a la FSSPX). Lo que sí consideramos es en que debíamos alertar a las autoridades o a quienes tienen poder decisorio a que sigan una línea de coherencia, dando siempre fundamento a sus decisiones y a que no se dejen llevar  por un espíritu que no deja de ser liberal ("hago esto porque me da la gana" como dicen que dijo el Marqués de Peralta para definir su condición de creyente). 

A la vista de las repercusiones de la entrada, consideramos que el objetivo se ha cumplido, al tiempo de despejar cualquier duda que nosotros u otros lectores de la realidad tradicionalista pudierámos haber tenido en relación al reciente "Comunicado" de Mons.  Fellay. 

viernes, 1 de julio de 2016

Más sobre el "Comunicado" de Mons.Fellay (29/6/2016)

Puesto que hay quien no entendió nuestra posición o hace de cuenta que no la entendió, diremos algo más sobre el "Comunicado" de Mons. Fellay y sobre las ambivalencias que le adjudicamos.

En primer lugar, el "Comunicado" es aparentemente el corolario de la reunión de Superiores de Distrito, Directores de Seminario, Obispos de la FSSPX  y de sus Asistentes, esto es, el "Capítulo General". Dicha reunión, según se había mencionado con anterioridad, podría tener como cometido el estudiar una propuesta romana de regularización canónica.

Allí empiezan las dudas, ya que el "Comunicado" nada dice del objeto de la reunión, y por tanto podemos preguntarnos ¿a qué viene el "Comunicado"? ¿porqué no se menciona el objeto del Capítulo General?¿existió una propuesta romana de regularización canónica?, en caso afirmativo ¿contenía esa propuesta algo contra la Fe (aceptación del Concilio Vaticano II o de la nueva misa)? ¿es la expresión del Capítulo o de Mons. Fellay?, si lo primero es cierto ¿porqué lo suscribe Mons. Fellay? Nada se dice al respecto.

Notése que no estamos ante un Partido político u otra organización profana que debe guardar secretos, hacer guiños a los posibles destinatarios, emitir comunicados que puedan tener distintas "miradas" o "exégesis" (como ha ocurrido), etc. No. Estamos ante una organización católica, que debe actuar a la luz del día, con sinceridad, transparencia y con conceptos claros. No vemos eso traslucido en el "Comunicado".

Veamos ahora de analizar los problemas que emergen de cada uno de los párrafos del "Comunicado":

  1. En la gran y dolorosa confusión que reina actualmente en la Iglesia, la proclamación de la doctrina católica exige denunciar los errores que han penetrado en su seno, promovidos, lamentablemente, por un gran número de pastores, incluso por el mismo Papa.
Este párrafo es equívoco, no porque sea falso, sino porque se pretende afirmar, entre líneas, que esa denuncia es imposible en el marco de una regularización. Lo cual no sólo es aventurado decirlo, sino que contradice la opinión del mismo Mons. Fellay en otras instancias, en donde claramente expuso que ahora la FSSPX no estaba sóla en la crítica a los errores conciliares o del actual Papa. Así por ej. se pudieron conocer las críticas del Obispo Schneider o del Card. Burke o de laicos que no reniegan de pertenecer a la "oficialidad" a la reciente Exhortación apostólica  "Amoris laetitia".

  1. La Fraternidad San Pío X, en el actual estado de grave necesidad que le concede el derecho y el deber de proporcionar los auxilios espirituales a las almas que recurren a ella, no busca ante todo un reconocimiento canónico, al que tiene derecho por ser una obra católica. Lo único que desea es llevar fielmente la luz de la Tradición bimilenaria que señala el único camino que debe seguirse en esta época de tinieblas, en la que el culto del hombre reemplaza el culto de Dios, tanto en la sociedad como en la Iglesia.
Aquí se vuelve a un concepto erróneo del "estado de necesidad", ya desmontado por nosotros. No puede haber "estado de necesidad" cuando la propia Roma quiere, presumiblemente, otorgar un marco canónico sin condiciones a la FSSPX. La "necesidad" vino precisamente por la negativa de Roma a un reconocimiento o concesión de un Obispo regular tradicional, y esto desde los tiempos de Mons. Lefebvre. Y lo mismo vale para la "jurisdicción de suplencia" que emana de ese mismo concepto de "necesidad".

  1. La “restauración de todas las cosas en Cristo”, que quería San Pío X siguiendo a San Pablo (Efe. 1, 10), no podrá lograrse sin el apoyo de un Papa que favorezca concretamente el retorno a la Santa Tradición. A la espera de ese día de gracia, la Fraternidad San Pío X quiere redoblar los esfuerzos para restablecer y difundir, con los medios que le da la Divina Providencia, el Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo.
Aquí tenemos un error fundamental, que creíamos superado por parte de la FSSPX y que consiste en hacerle perder la "potestad de gobierno" al Papa por ser éste un modernista (material). Como dijimos, un Papa alejado de la Tradición (como Francisco) pero que no perdió su potestad, perfectamente puede querer otorgar a la FSSPX un marco canónico sin condiciones. Y ese marco debe ser recibido por la FSSPX a menos de esgrimir una causa de justificación (que es lo que distingue una desobediencia legitimada -como la de Mons. Lefebvre- de otra cismática). La única causa de justificación que se podría alegar es la de un "miedo grave". Y emplazamos entonces a las mismas autoridades de la FSSPX  a que fundamenten su desobediencia en dicha causal.  Por nuestra parte, hemos llegado a la conclusión de que no es posible alegarlo, ya que aquél sólo existiría si hay un determinismo causal (al reconocimiento se sigue una defección doctrinal) y tal determinismo no resulta -en su generalidad- de la expriencia de los así llamados "institutos tradicionales". Entonces lo que hay son meras hipótesis, si se quiere, "temor hipotético", que no habilita a ampararse en esta causal. No obstante, podríamos estar equivocados. Eso sí, en ese caso (más allá de los "grados" de miedo) la FSSPX debería pedirle perdón a Mons. Williamson y a los demás Sacerdotes echados de ella, porque fueron los primeros que lo vieron así...Por otro lado, cabe preguntarse -sentada esta posición- qué pasaría si Francisco reconoce unilateralmente a la FSSPX: ¿se negaría la FSSPX porque no es un "Papa que favorece concretamente la Tradición"?...

  1. La Fraternidad San Pío X reza y hace penitencia para que el Papa tenga la fuerza de proclamar íntegramente la fe y la moral, pues de ese modo acelerará el triunfo del Corazón Inmaculado de María que deseamos, ahora que nos aproximamos al centenario de las apariciones de Fátima.
Para concluir las ambivalencias de este "Comunicado", una mención a Fátima y al triunfo del Corazón Inmaculado aparentemente correctas pero que no se encuadran debidamente. No es porque se vaya a cumplir un aniversario que es dable esperar la intervención del Cielo, sino porque existe una visión profética (del Papa León XIII) que refiere a un período de "cien años" que verosímilmente podría tener su cumplimiento el año que viene o porque (como hemos concluído en nuestra exégesis de las Escrituras) se acerca el final de la "ultima semana" a que hace referencia el profeta Daniel -cuyo comienzo sería la aparición de la "Mujer vestida de sol" identificada entre otras como la Virgen de Fátima- y por tanto nos encontramos en vísperas de la Parusía (si bien pensamos que en una primera instancia será un "anticipo"). Contexto en el cual pensamos que la FSSPX (a pesar de "Comunicados" ambivalentes como el que comentamos) tiene un rol especial...

miércoles, 29 de junio de 2016

Comunicado ambivalente o cuando el Card. Muller salva a la FSSPX

Este es el Comunicado de la FSSPX emitido en el día de hoy:
Al término de la reunión de los superiores mayores de la Fraternidad San Pío X que se llevó a cabo en Suiza, del 25 al 28 de junio de 2016, el Superior General dirige el siguiente comunicado:
La finalidad de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X es principalmente la formación de los sacerdotes, condición esencial para la renovación de la Iglesia y para la restauración de la sociedad.
  1. En la gran y dolorosa confusión que reina actualmente en la Iglesia, la proclamación de la doctrina católica exige denunciar los errores que han penetrado en su seno, promovidos, lamentablemente, por un gran número de pastores, incluso por el mismo Papa.
  1. La Fraternidad San Pío X, en el actual estado de grave necesidad que le concede el derecho y el deber de proporcionar los auxilios espirituales a las almas que recurren a ella, no busca ante todo un reconocimiento canónico, al que tiene derecho por ser una obra católica. Lo único que desea es llevar fielmente la luz de la Tradición bimilenaria que señala el único camino que debe seguirse en esta época de tinieblas, en la que el culto del hombre reemplaza el culto de Dios, tanto en la sociedad como en la Iglesia.
  1. La “restauración de todas las cosas en Cristo”, que quería San Pío X siguiendo a San Pablo (Efe. 1, 10), no podrá lograrse sin el apoyo de un Papa que favorezca concretamente el retorno a la Santa Tradición. A la espera de ese día de gracia, la Fraternidad San Pío X quiere redoblar los esfuerzos para restablecer y difundir, con los medios que le da la Divina Providencia, el Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo.
  1. La Fraternidad San Pío X reza y hace penitencia para que el Papa tenga la fuerza de proclamar íntegramente la fe y la moral, pues de ese modo acelerará el triunfo del Corazón Inmaculado de María que deseamos, ahora que nos aproximamos al centenario de las apariciones de Fátima.
Mons. Bernard Fellay, Superior General de la Fraternidad San Pío X
Ecône, 29 de junio de 2016
En la fiesta de los Apóstoles San Pedro y San Pablo

Nuestro comentario:

Lamentablemente estamos ante un comunicado ambivalente, que vuelve a poner de manifiesto un error que considerábamos ya superado: la falta de distinción entre lo doctrinal y lo disciplinar. Por un lado, no sabemos si existió o no una propuesta romana concreta y sin condiciones, nada se dice al respecto. Por otro lado, se vuelve a un concepto errado del "estado de necesidad": precisamente, éste subsiste en la medida que Roma no quiera reconocer a la FSSPX, por lo que no es válido argumentar una jurisdicción de suplencia cuando podemos suponer que existió un ofrecimiento de ese tipo. Además, al decir que "no se busca ante todo un reconocimiento canónico" pareciera que éste último es de libre elección, cuando no lo es si están dadas las condiciones requeridas; el Papa que "favorezca a la Tradición" es absolutamente indiferente: un ofrecimiento canónico sin condicionamientos contra la Fe pudiera venir de un Papa alejado de la Tradición (como es el caso de Francisco).  En esta ocasión, como en otras (providencialmente) salvan a la FSSPX los dichos del Cardenal Muller hace un mes, puesto que en ese caso (y sólo en ese caso) puede la FSSPX sustraerse a una propuesta romana de reconocimiento canónico.

domingo, 12 de junio de 2016

Algunas anotaciones sobre el Magisterio papal


A raíz de la opinión de unos anfibios sobre el valor del Magisterio papal, nos vemos en la obligación de reiterar, ampliándolos, conceptos ya vertidos sobre el tema.

En una entrada que titulamos "la extensión abusiva de la infalibilidad" decíamos que lo que era ciertamente infalible era el Magisterio extraordinario (cfr. "Pastor Aeternus"), pero que también había una infalibilidad -condicionada- del Magisterio ordinario (cfr. "Humani generis"), quedando fuera de la infalibilidad las llamadas "enseñanzas no definitivas". Y concluíamos diciendo que "lo que no es infalible es falible (o sea que puede fallar) pero igualmente se nos pide un asentimiento ("la sumisión de la voluntad y el entendimiento", LG 25) contrariando los principios de la moral que nos obligan a rechazar el error".

A esta conclusión llegábamos precisamente con la ayuda del texto de Pío XII antes citado, que vale reiterar aquí: "Ni puede afirmarse que las enseñanzas de las encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema majestad de su Magisterio. Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: `El que a vosotros oye, a Mí me oye` (Lc 10:16); y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya -por otras razones- al patrimonio de la doctrina católica. Y si los Sumos Pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos Pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos".

Al decir "la mayor parte de la veces" y poner condiciones ("pertenecer ya..." o "sentenciar...") dejaba espacio para un "magisterio" que, o no propusiera algo que ya perteneciera al "patrimonio de la doctrina católica" o que no "sentenciara en materia disputada", el que de acuerdo al contexto de la cita aportada, no estaría cubierto por la infalibilidad.

Reafirmaría esta aproximación lo dicho en la Carta "Tuas libenter" de Pío IX que dice así: “Porque aunque se tratara de aquella sujeción que debe prestarse mediante un acto de fe divina; no habría, sin embargo, que limitarla a las materias que han sido definidas por decretos expresos de los Concilios ecuménicos o de los Romanos Pontífices y de esta Sede, sino que habría también de extenderse a las que se enseñan como divinamente reveladas por el magisterio ordinario de toda la Iglesia extendida por el orbe y, por ende, con universal y constante consentimiento son consideradas por los teólogos católicos como pertenecientes a la fe". 

Contra esta conclusión limitativa del "Magisterio ordinario" tendríamos la afirmación dogmática de la Bula "Licet ea" de Sixto IV por la cual  se condena la proposición de que "la Iglesia de la ciudad de Roma pueda errar", la de la Constitución  "Auctorem fidei" de Pío VI, que condena el hecho de que se someta a examen la "disciplina aprobada por la Iglesia...como si la Iglesia que es regida por el espíritu de Dios, pudiera constituir una disciplina no sólo inútil...sino también peligrosa o perjudicial" o la de Gregorio XVI en la Encíclica "Quo graviora" al preguntarse si la Iglesia que "es columna y sostén de la verdad...pudiera ordenar ...lo que podría redundar en detrimento de la salud del alma o al desprecio o perjuicio de un Sacramento instituído por Cristo" (notemos que las leyes eclesiásticas estarían amparadas bajo el "Magisterio ordinario" infalible).

El problema se resuelve a nuestro entender con una definición acabada de lo que es el "Magisterio ordinario". Una definición errónea o incompleta es lo que ha provocado todos los malentendidos a su respecto. Así por ejemplo, una definción que dijera que el Magisterio ordinario es todo Magisterio que no fuera el extraordinario.

La definición correcta es la que se desprende de los textos citados anteriormente, esto es, la de que el Magisterio ordinario está constituído por "todas aquellas enseñanzas con fundamento en la Verdad revelada que tienen el consentimiento universal y constante de la Iglesia". Cuando la Iglesia no "enseñe", no fundamente sus aserciones en la "Verdad revelada" o las mismas no cuenten con el "consentimiento universal y constante" no habrá Magisterio ordinario (infalible). Lo que no entra dentro de la definición,  no es Magisterio ordinario (infalible) o ley disciplinaria amparada por dicho Magisterio (infalible) y la "promulgación" no haría cambiar la naturaleza de lo que no es.

Así pues, tenemos un Magisterio extraordinario que es infalible por sí mismo ("sin el consentimiento de la Iglesia") y un Magisterio ordinario que es infalible en forma condicional ("con el consentimiento universal y constante"). Sin ese consentimiento universal y constante, los postulados serán sólo "Magisterio auténtico" o "leyes con legitimidad de origen -auténticas- pero no de ejercicio" (no serán propiamente "disciplina" o "ley" según el encuadre tomista). Quedan así salvadas todas las proposiciones romanas que citamos, sin necesidad de caer en la falsa solución "sedevacantista".