miércoles, 29 de junio de 2016

Comunicado ambivalente o cuando el Card. Muller salva a la FSSPX

Este es el Comunicado de la FSSPX emitido en el día de hoy:
Al término de la reunión de los superiores mayores de la Fraternidad San Pío X que se llevó a cabo en Suiza, del 25 al 28 de junio de 2016, el Superior General dirige el siguiente comunicado:
La finalidad de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X es principalmente la formación de los sacerdotes, condición esencial para la renovación de la Iglesia y para la restauración de la sociedad.
  1. En la gran y dolorosa confusión que reina actualmente en la Iglesia, la proclamación de la doctrina católica exige denunciar los errores que han penetrado en su seno, promovidos, lamentablemente, por un gran número de pastores, incluso por el mismo Papa.
  1. La Fraternidad San Pío X, en el actual estado de grave necesidad que le concede el derecho y el deber de proporcionar los auxilios espirituales a las almas que recurren a ella, no busca ante todo un reconocimiento canónico, al que tiene derecho por ser una obra católica. Lo único que desea es llevar fielmente la luz de la Tradición bimilenaria que señala el único camino que debe seguirse en esta época de tinieblas, en la que el culto del hombre reemplaza el culto de Dios, tanto en la sociedad como en la Iglesia.
  1. La “restauración de todas las cosas en Cristo”, que quería San Pío X siguiendo a San Pablo (Efe. 1, 10), no podrá lograrse sin el apoyo de un Papa que favorezca concretamente el retorno a la Santa Tradición. A la espera de ese día de gracia, la Fraternidad San Pío X quiere redoblar los esfuerzos para restablecer y difundir, con los medios que le da la Divina Providencia, el Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo.
  1. La Fraternidad San Pío X reza y hace penitencia para que el Papa tenga la fuerza de proclamar íntegramente la fe y la moral, pues de ese modo acelerará el triunfo del Corazón Inmaculado de María que deseamos, ahora que nos aproximamos al centenario de las apariciones de Fátima.
Mons. Bernard Fellay, Superior General de la Fraternidad San Pío X
Ecône, 29 de junio de 2016
En la fiesta de los Apóstoles San Pedro y San Pablo

Nuestro comentario:

Lamentablemente estamos ante un comunicado ambivalente, que vuelve a poner de manifiesto un error que considerábamos ya superado: la falta de distinción entre lo magisterial y lo disciplinar. Cuando se dice que "no se busca ante todo un reconocimiento canónico" pareciera que éste último es de libre elección, cuando no lo es si están dadas las condiciones requeridas; el Papa que "favorezca a la Tradición" es absolutamente indiferente: un ofrecimiento canónico sin condicionamientos contra la Fe pudiera venir de un Papa alejado de la Tradición (como es el caso de Francisco).  En esta ocasión, como en otras (providencialmente) salvan a la FSSPX los dichos del Cardenal Muller hace unos meses, puesto que en ese caso (y sólo en ese caso) puede la FSSPX sustraerse a una propuesta romana de reconocimiento canónico.

domingo, 12 de junio de 2016

Algunas anotaciones sobre el Magisterio papal


A raíz de la opinión de unos anfibios sobre el valor del Magisterio papal, nos vemos en la obligación de reiterar, ampliándolos, conceptos ya vertidos sobre el tema.

En una entrada que titulamos "la extensión abusiva de la infalibilidad" decíamos que lo que era ciertamente infalible era el Magisterio extraordinario (cfr. "Pastor Aeternus"), pero que también había una infalibilidad -condicionada- del Magisterio ordinario (cfr. "Humani generis"), quedando fuera de la infalibilidad las llamadas "enseñanzas no definitivas". Y concluíamos diciendo que "lo que no es infalible es falible (o sea que puede fallar) pero igualmente se nos pide un asentimiento ("la sumisión de la voluntad y el entendimiento", LG 25) contrariando los principios de la moral que nos obligan a rechazar el error".

A esta conclusión llegábamos precisamente con la ayuda del texto de Pío XII antes citado, que vale reiterar aquí: "Ni puede afirmarse que las enseñanzas de las encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema majestad de su Magisterio. Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: `El que a vosotros oye, a Mí me oye` (Lc 10:16); y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya -por otras razones- al patrimonio de la doctrina católica. Y si los Sumos Pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos Pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos".

Al decir "la mayor parte de la veces" y poner condiciones ("pertenecer ya..." o "sentenciar...") dejaba espacio para un "magisterio" que, o no propusiera algo que ya perteneciera al "patrimonio de la doctrina católica" o que no "sentenciara en materia disputada", el que de acuerdo al contexto de la cita aportada, no estaría cubierto por la infalibilidad.

Reafirmaría esta aproximación lo dicho en la Carta "Tuas libenter" de Pío IX que dice así: “Porque aunque se tratara de aquella sujeción que debe prestarse mediante un acto de fe divina; no habría, sin embargo, que limitarla a las materias que han sido definidas por decretos expresos de los Concilios ecuménicos o de los Romanos Pontífices y de esta Sede, sino que habría también de extenderse a las que se enseñan como divinamente reveladas por el magisterio ordinario de toda la Iglesia extendida por el orbe y, por ende, con universal y constante consentimiento son consideradas por los teólogos católicos como pertenecientes a la fe". 

Contra esta conclusión limitativa del "Magisterio ordinario" tendríamos la afirmación dogmática de la Bula "Licet ea" de Sixto IV por la cual  se condena la proposición de que "la Iglesia de la ciudad de Roma pueda errar", la de la Constitución  "Auctorem fidei" de Pío VI, que condena el hecho de que se someta a examen la "disciplina aprobada por la Iglesia...como si la Iglesia que es regida por el espíritu de Dios, pudiera constituir una disciplina no sólo inútil...sino también peligrosa o perjudicial" o la de Gregorio XVI en la Encíclica "Quo graviora" al preguntarse si la Iglesia que "es columna y sostén de la verdad...pudiera ordenar ...lo que podría redundar en detrimento de la salud del alma o al desprecio o perjuicio de un Sacramento instituído por Cristo" (notemos que las leyes eclesiásticas estarían amparadas bajo el "Magisterio ordinario" infalible).

El problema se resuelve a nuestro entender con una definición acabada de lo que es el "Magisterio ordinario". Una definición errónea o incompleta es lo que ha provocado todos los malentendidos a su respecto. Así por ejemplo, una definción que dijera que el Magisterio ordinario es todo Magisterio que no fuera el extraordinario.

La definición correcta es la que se desprende de los textos citados anteriormente, esto es, la de que el Magisterio ordinario está constituído por "todas aquellas enseñanzas con fundamento en la Verdad revelada que tienen el consentimiento universal y constante de la Iglesia". Cuando la Iglesia no "enseñe", no fundamente sus aserciones en la "Verdad revelada" o las mismas no cuenten con el "consentimiento universal y constante" no habrá Magisterio ordinario (infalible). Lo que no entra dentro de la definición,  no es Magisterio ordinario (infalible) o ley disciplinaria amparada por dicho Magisterio (infalible) y la "promulgación" no haría cambiar la naturaleza de lo que no es.

Así pues, tenemos un Magisterio extraordinario que es infalible por sí mismo ("sin el consentimiento de la Iglesia") y un Magisterio ordinario que es infalible en forma condicional ("con el consentimiento universal y constante"). Sin ese consentimiento universal y constante, los postulados serán sólo "Magisterio auténtico" o "leyes con legitimidad de origen -auténticas- pero no de ejercicio" (no serán propiamente "disciplina" o "ley" según el encuadre tomista). Quedan así salvadas todas las proposiciones romanas que citamos, sin necesidad de caer en la falsa solución "sedevacantista".

viernes, 27 de mayo de 2016

El status del "Papa emérito" (II)

Atento a la complejidad del tema, nos vemos obligados a hacer unas precisiones, las que hemos formulado igualmente en un comentario en el sitio amigo "Hacia la verdadera cristiandad": 

"No hay -no puede haber- un Papa 'jurídico' y otro 'espiritual', porque el primado de jurisdicción es uno y es pleno. Al renunciar Benedicto XVI al papado (como todo oficio es renunciable), el Papado recae en Francisco, con jurisdicción única y plena. Pero si Benedicto XVI renunció por presiones o amenazas (lo que no podemos asegurar), entonces la elección de Francisco es inexistente, porque Benedicto sigue siendo Papa. En ese caso Francisco sería un anti-papa, pero como Benedicto no ejerce el Papado y los fieles consideran que Francisco sí lo hace -de hecho o de derecho- o tienen la opinión probable de que es verdadero Papa, se genera la "suplencia de la Iglesia" para el bien común de ésta. Esa suplencia implica que los actos del anti-papa que son para el bien común de la Iglesia son válidos, aunque luego, por algún motivo, el verdadero Papa reasuma el Papado. Entre tanto, no es la Cabeza visible: sostengo que el Papa putativo es "Cabeza visible de verdadera jurisdicción" (no por ser suplida por la Iglesia deja de ser verdadera)"

Esto que afirmamos, a su vez, requiere de las siguientes aclaraciones:

* El "verdadero Papa" (en la HIPOTESIS que manejamos) lo es por tener legitimidad de origen, pero la legitimidad de ejercicio la tiene el "Papa putativo".

* A la pregunta entonces de ¿sobre cuál de los dos recaen las palabras del Señor: "Tu es Petrus..."? respondo: 

Mientras el "verdadero Papa" no reasuma su Papado (denunciando que renunció en forma inválida y ejerciendo como tal) el Papa o Pedro sería Francisco, porque es quien ejerce el Papado (tiene jurisdicción).  La jurisdicción suplida es "verdadera" (no por ser suplida deja de serlo) y es "propia" (no es "delegada" por el "Papa emérito" sino por la misma Iglesia). 

La prueba de ello es que el Papa Francisco podría por ejemplo efectuar una definición "ex-cathedra" por el bien de la Iglesia y ella sería perfectamente asistida por el Espíritu Santo, de lo contrario la "suplencia de la Iglesia" no tendría ningún efecto para salvaguardar la Fe de los fieles. Y queda claro que esas definiciones son otorgadas al Papa: "El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables"

Como podemos leer en manuales de Derecho canónico, la potestad de régimen de que habla el canon pertinente es una: "Se trata de una sóla potestad, que se diferencia por el objeto inmediato de su ejercicio, ya sea que se utilice para enseñar, santificar o regir, pero que está siempre presente en su integridad, según la misión que se recibe y el grado con que se participe de ella" ("Técnica legislativa canónica",  Pbro. Dr. Alejandro W. Bunge). 

Un ejemplo traído de la Escritura puede ayudar a comprender esta situación: San José no era el verdadero "Padre" de Jesús, sin embargo era la "Cabeza (visible) de la Sagrada familia"  y  Jesús (como Hombre) "le estaba sometido"  (puesto que tenía la potestad paterna). 

martes, 24 de mayo de 2016

El status del "Papa emérito"

La situación anómala en que ha colocado al Papado la renuncia de Benedicto XVI sigue teniendo coletazos, como el que resulta de las manifestaciones de su secretario personal, Mons. Gänswein, en el sentido de que el Papa emérito percibe su renuncia como un "ministerio petrino expandido", con un miembro "activo" (Francisco) y otro "contemplativo" (Benedicto XVI). 

Tales afirmaciones no se sustentan en la concepción del Papado que fuera definida en el Concilio Vaticano I, refiriéndose tanto al primado como a la sucesión petrina por "institución del mismo Cristo o derecho divino" como la "potestad plena y suprema de jurisdicción sobre la Iglesia universal" y su "magisterio infalible" cuando habla "ex-cathedra" y que pueden reducirse al principio de "unus grex, unus pastor" ("un sólo rebaño, un sólo pastor"). 

Sobre la naturaleza de la potestad papal podemos leer: "...El Papa no es “el primero entre iguales”, como ocurre con el Arzobispo de Canterbury entre los anglicanos, que no tiene jurisdicción fuera de su diócesis; ni tampoco se limita a un primado de honor, reducible a un simple orden de precedencia en actos protocolarios, como ostenta el Patriarca de Constantinopla entre las iglesias autocéfalas ortodoxas".

En relación a la renuncia de Benedicto XVI, la opinión del profesor de derecho canónico  Stefano Violi, recogida por Sandro Magister, es la de que " al abdicar, Benedicto XVI ha dejado efectivamente el ejercicio activo del ministerio petrino, pero no el oficio, el "munus" del papado, irrenunciable precisamente porque le fue confiado para siempre con la elección como obispo de Roma y sucesor de Pedro".

En contra de esta postura,  Roberto de Mattei opinó: "Es posible que Benedicto XVI comparta esta posición, expuesta por Violi y Gigliotti en sus ensayos, pero la eventualidad de que él se haya apropiado de la tesis de la sacramentalidad del papado no significa que sea verdadera. Un papado espiritual diferente del papado jurídico no existe o lo hace sólo en la fantasía de algún teólogo.  Si el Papa es, por definición, quien gobierna la Iglesia, al renunciar al gobierno renuncia al papado. El papado no es una condición espiritual, o sacramental, sino un “oficio”, es decir, una institución"

Así pues, Francisco es verdadero Papa y no, como menciona el mismo autor "un Papa a tiempo parcial".

No obstante, queremos marcar una excepción a este planteo y es el que deriva de una hipótesis hasta ahora inverificable, el de una renuncia inválida de Benedicto XVI. Nos citamos de una entrada anterior: "Si la misma tuvo lugar por efecto del miedo o de las amenazas,  como es posible conjeturar, no sería libre y por ende la elección de Francisco sería nula o más bien, inexistente, al carecer de objeto (la diferencia entre una acto inexistente y el nulo radicaría únicamente en que el segundo requiere de una declaración con efectos retroactivos)" y en tal caso: "una 'convalidación' no podría operar ya que se convalida o sana lo que existe (ej. en el matrimonio, si no existe el consentimiento matrimonial no puede sanarse ni convalidarse)". 

En dicha hipótesis, el "error común de hecho o de derecho" (canon 144) es generador de la jurisdicción de suplencia dada por la Iglesia en razón del bien común de la Iglesia: "En el error común de hecho o de derecho, así como en la duda positiva y probable de derecho o de hecho, la Iglesia suple la potestad ejecutiva de régimen, tanto para el fuero externo como para el interno". 

miércoles, 18 de mayo de 2016

Más revelaciones sobre Fátima


Por un lado, se han conocido las confesiones del P. Ingo Döllinger respecto a dichos del Cardenal Ratzinger (ahora Benedicto XVI)  en el sentido de que "hay una parte del tercer secreto que no se ha publicado todavía" y que "la parte publicada [la visión del "Obispo vestido de blanco"] es verdadera" y que  "la parte inédita habla de un mal Concilio y de una mala Misa".

Por otro lado, se ha conocido la noticia de un nuevo "milagro del sol" ocurrido en la ciudad de Ourém en Portugal, donde más de un centenar de personas habrían presenciado el fenómeno cuando acompañaban la salida de la imagen peregrina de la Virgen de Fátima de la Iglesia Matriz por la mañana.

La primera "revelación" no nos sorprende: siempre pensamos que al Tercer secreto de Fátima le faltaban las palabras que son la continuación de éstas: "En Portugal se conservará siempre el dogma de la fé, etc", frase enigmática que no ha podido ser continuada en forma lógica y de las que se han extraído conclusiones aventuradas como por ejemplo la de que "si en Portugal se ha de conservar la Fe, entonces en los demás países habrá una crisis de Fé o una apostasía...". Porque la realidad demuestra que Portugal no se distingue de los demás países en la materia y porque "dogma de la fé" (así en minúsculas en el texto) pudiera referir, entre otros, a un dogma en particular. 

Lo que sí es de subrayar es la confirmación de la veracidad de la visión, la que no estaba del todo asegurada (así por ejemplo el estudio de Laurent Morlier la negaba con argumentos bastante serios) que se resfuerza con esta revelación, con lo consignado en "Sob olhar de María", con el texto de Antonio Socci ("El cuarto secreto de Fátima") y concordante con lo expresado por el P. Schweigl en cuanto a la existencia de dos partes en el tercer secreto ("una que refiere al Papa y otra que es la continuación de las palabras ' En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe, etc"). Y sobre todo, lo referente a la maldad de un Concilio futuro y de una Misa futura, lo que nos extraña que no haya tenido más repercusión. A lo más, se ha especulado que las palabras de la Virgen en la parte oculta podrían explicar las actitudes de Benedicto XVI y de Francisco en favor de la Tradición y en concreto de la FSSPX (la que por tanto, y como hemos venido soteniendo, tiene un claro carácter escatológico).

Nosotros tenemos una idea clara del contenido del tercer secreto, el que resulta de cotejar los dichos de quienes dijeron haberlo leído, de los estudios serios en la materia, de la constatación de la realidad y de la exégesis de la escatología vetero y neotestamentaria: la profecía refiere a una sóla cosa,  a la "abominación de la desolación en el lugar santo" (y todo lo relacionado con ella) predicha por el profeta Daniel y confirmada por el mismo Cristo para los tiempos finales, para nuestros tiempos. Sólo que con detalles que lo hacen realmente "terrible" al punto de que si la gente se enterara de su contenido "haría que las Iglesias se llenaran, lo mismo que los confesionarios" al decir del P. Malachi Martin quien dijo haber tenido acceso a su contenido en tiempos de Juan XXIII.

Tal es la importancia de la profecía ("la importancia de los novísimos" y "los peligros para la fe y la vida de los cristianos" como admitió el entonces Cardenal Ratzinger a la revista "Jesus" en 1984) que el Diablo se ha encargado de propagar una serie de falsas apariciones (Garabandal, Akita, Kibeho, Medjugorge, etc) con mensajes conteniendo  amenzas de tipo "material"  y castigos siempre futuros (cuando el castigo ya era "inminente" en 1957 de acuerdo a lo manifestado por la Hna. Lucía al P. Fuentes) o con hábiles falsificaciones como la propagada en ciertos sitios "sedevacantistas".

El segundo evento (la noticia de la reiteración del "milagro del sol"), por la sencillez de quienes dicen haberlo presenciado  -lejos de los delirios de las "apariciones modernistas"- y por ocurrir esta vez en tierra portuguesa en el transcurso de los cien años de la primera aparición que se cumplirán el año que viene (a lo que se suma un desmentido de las autoridades diocesanas por demás apresurado y sospechoso), pensamos que puede ser cierto.

Todo ello supone un aviso de que los acontecimientos se precipitan. No es coincidente que se hable del "reconocimiento" de la FSSPX justo en este tiempo, que bien podría constituir el final de esos cien años que el Diablo pidió a Nuestro Señor "para destruir a su Iglesia" en la visión del Papa León XIII  el 13 de octubre de 1884 o de la misma "semana" del profeta Daniel.

lunes, 9 de mayo de 2016

La reacción tardía de los tradi-fariseos-tardíos

(destrucción de la Basílica de San Francisco en 1997, escenario de las Jornadas de Asís convocadas por Juan Pablo II )
El cisma de los recalcitrantes de celo amargo ("resistentes" y "sedevacantistas") nos ha ocupado mucho tiempo, lo que ha hecho que descuidásemos un problema reciente  que data del Pontificado de Francisco, teniendo presente que la historia de la crisis de la Iglesia ha deparado peligros siempre nuevos (ésto para aquellos que quieren revivir lo de 1988...). 

Así es que, a consecuencia de la nefasta Exhortación apostólica "Amoris laetitia", algunos azuzan y promueven un "cisma" de los "buenos", que tendría a su cabeza a Benedicto XVI, tal como se desprende de la nota que trae 'Adelante la fe' (aquí).

A raíz de esa nota se ha suscitado un interesante intercambio, del cual nos permitimos extraer (por compartir enteramente) la opinión del comentarista "As de bastos": "Veo que seguimos cometiendo el mismo gravísimo error de cargarle todo el mochuelo a Bergoglio como si sus antecesores conciliares no fueran de la misma estirpe liberal y modernista, ya no católica en tanto en cuanto rompieron con la tradición, todos y cada uno de ellos, incluyendo a Benedicto XVI y Juan Pablo II.

Da la impresión de que con Bergoglio llegó el escándalo y ahora es cuando nos asustamos, mientras estábamos tan ricamente con Ratzinger y con Wojtila. Son los mismos modernistas en realidad, tienen el mismo sistema de pensamiento relativista y sincretista, no ya católico a pesar de las apariencias. Ahora todos se asustan por Bergoglio que lo único que hace es dar un pasito mas allá, llevando la destrucción un poco mas lejos de lo que lo hicieron sus antecesores, apoyándose por cierto en el trabajo demoledor de todos ellos, sin el cual no podría hacer lo que pretende hacer y está haciendo.
Lo único que lo diferencia con los demás papas conciliares-modernistas son las formas, pues Bergoglio lo único que hace es ser muy grosero o mas bien muy claro y sincero, expresando tal cual lo que piensa sin máscaras, lo cual es de agradecer, y como lo que piensa es una grosería así es como es percibida claramente cuando se la deja sin edulcorar y camuflar con saborizantes, que es lo que hacían los otros. Sin embargo todos comparten el mismo fondo modernista, y no olvidemos que el modernismo que profesan todos estos es una herejía condenada hasta el hartazgo por la Iglesia, la cual está por encima de estos juliganes doctrinales.
Por favor, hay que despertar, considerar que la crisis del papado empieza con Bergoglio es un gravísimo error.
En cuanto al padre Calvo, muy bien lo que dice, excepto que la cosa va mucho mas allá de la cobardía, que solo en unos casos se dará tal. Ahora bien, me gustaría saber que opina de la cuestión litúrgica, si sabe celebrar la Santa Misa y la celebra habitualmente, o si él celebra el rito modernista, si considera ambas misas iguales en valor litúrgico y doctrinal, etc... Sería interesante que lo supiéramos, importante omisión en la entrevista.

"San" Juan Pablo II.. ¡de Asís!... y menciono Asís como podría mencionar otras muchas cosas.
JP2 Ha sido probablemente el Papa mas calamitoso y destructor en toda la historia de la Iglesia, probablemente mucho mas de lo que pueda aspirar Bergoglio, que ya se ha encontrado el trabajo hecho y los explosivos bien puestos en los cimientos, y a el solo le queda apretar el botón de detonación. Por la salvación de su alma es de desear que se arrepintiera aunque fuera en el último suspiro de su vida, para que así Dios nuestro Señor le pudiera perdonar.
El vaticano dos no define nada, quiso ser "pastoral" (¿?), NO QUISO la asistencia del Espíritu Santo, por lo tanto no hay obligación de acoger sus enseñanzas que son ningunas por lo dicho, sino mas bien hay obligación de resistirlo, cada uno como mejor pueda según su situación, habida cuenta de que es bien sabido a estas alturas el "golpe de estado" intencionado que realmente constituyó para que el Enemigo se colara dentro de la misma Iglesia y en lo mas alto de la jerarquía. Esto es bien sabido y ahí están los frutos para el que quiera verlo, y el que no quiera verlo que siga suspirando por la primavera eclesial del pontificado de Juan Pablo II y Benedicto XVI (menos mal que Pablo VI al menos reconoció lo del "humo de Satanás" por las grietas que el mismo había abierto).
Los modernistas liberales precisamente impusieron la misa bastarda modernista con los mismos fines de demolición. Está hecha para ser liberal, protestante, judaizante, mundana y mundanizante, y por supuesto anti-tradicional que es lo mismo que decir anti-católica. Está hecha por masones y protestantes para agradar a todos menos a Dios. Por tanto, no se puede "evangelizar" como usted dice con esta misa, porque se hizo precisamente con el objetivo contrario de "des-evangelizar".
El denominador común de estos tradis(porque dicen seguir la Tradición litúrgica al menos)-fariseos(porque nunca se acercaron a la FSSPX ni lo hacen ahora, porque "violó el sábado" u otras razones falaces)-tardíos(porque no reaccionaron cuando surgió la crisis de la Iglesia después de la muerte de Pío XII) es una sobredimensión de lo Moral por sobre la Fe.

Así se los ve ante todo como "defensores de la Vida", lo cual es un reduccionismo porque soslayan el destino trascendente de esas "vidas" que ayudan a que nazcan, desentendiéndose de ellas frente a la pavorosa crisis de Fe que padecemos. Lo que se suma a que en sus campañas no tienen inconveniente en ser sincréticos (difícilmente veamos "pro-vida" rezando el Rosario). 

Luego también su aceptación de la "santidad" de Juan Pablo II y la defensa de Benedicto XVI, desconociendo  la heterodoxia patente -en actos y en escritos- del primero (que puso en claro en forma brillante Romano Amerio), el cual se hizo culpable de la imposición de la "excomunión" a la Tradición católica; y la más sutil de Benedicto XVI, quien propulsó el Concilio Vaticano II y luego trató de paliar sus trágicas consecuencias haciéndonos creer que ellas eran producto de una "hermenéutica de ruptura". 

Por último, una deformación adrede de la "escatología" católica, confundiendo a los fieles y diciéndoles que recién ahora estamos ante los "tres años y medio" de la "gran tribulación" cuando ésta comenzó en el temprano año de 1967 o 1969 o que Francisco (él sólo) es el "Falso Profeta". 

martes, 3 de mayo de 2016

A vueltas con la hermenéutica

Extraemos de un artículo del Padre Gleize (FSSPX): "Mgr Pozzo también afirma: "A menudo, en las discusiones con la FSSPX, la oposición no es hacia el Concilio pero sí hacia el espíritu del Concilio, que usa ciertas expresiones o dichos de documentos conciliares para abrir la posibilidad para hacer interpretaciones o adoptar posiciones que están alejadas del verdadero pensamiento conciliar y a veces abusan de él". El secretario de Ecclesia Dei está efectivamente convencido que el Concilio estaría de conformidad en todos los puntos con la doctrina católica". Mas adelante el Padre señala: "El Papa Benedicto XVI denuncia la 'hermenéutica de la ruptura' que habría desfigurado el verdadero rostro del Concilio e impedido su recepción. La solución sería volver a la hermenéutica de la 'renovación de la continuidad' "

Prosigue: "existen textos del Concilio que constituyen un cambio en relación a lo que precedió y que por tanto implican una decisión: o el Vaticano II o la Tradición. Textos como Nostra Aetate para las religiones no cristianas, Unitatis redintegratio para el ecumenismo, Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa conducen efectivamente y con razón a preguntarse, como lo hizo el Cardenal Ratzinger: 'si la Iglesia de hoy es realmente la de ayer o si la han reemplazado por otra sin siquiera advertir  a los católicos". Y concluye: "la constatación de Mons. Pozzo se revela pues falsa, frente a la realidad histórica de lo que fueron las discusiones doctrinales llevadas a cabo en los años 2009-2011" (se refiere por tanto al Testimonio de la Verdad que la FSSPX ofreció en aquella oportunidad).

Esta es pues la posición de la FSSPX. Por nuestra parte, hemos sostenido que la "interpretación" no cabe desde que, en materia jurídica, se "interpretan"  los textos que son ambigüos, no así los que son claramente heterodoxos. Lo mismo con la hermenéutica (del griego hermeneutikós, interpretación), que  en términos generales es la pretensión de explicar las relaciones existentes entre un hecho y el contexto en el que acontece: "Seguramente una de las aportaciones más discutidas de la hermenéutica fue su abierto rechazo a considerar a la historia únicamente como una sucesión de hechos (positivismo histórico). Según la hermenéutica, el intérprete o hermeneuta debe separarse de su tiempo, de sus juicios personales, etc., e intentar lograr una contemporaneidad con el texto de referencia y el autor del mismo, interpretándolos, renunciando a cualquier intención o normatividad de actualidad". Esto es imposible que se verifique en la Iglesia, donde precisamente, las verdades son inmutables y no cambian con el tiempo, en oposición a lo que se dió en llamar la "Tradición viva".

Por ello, dejando de lado la intención clara de la FSSPX de rechazo a las novedades conciliares, proponemos que en lugar de "interpretación" o "hermenéutica" nos refiramos a "leer" los textos del Concilio "a la luz de la Tradición", porque la lectura es la subjetiva de quien lee, sin ataduras con el texto y porque la "interpretación" debe quedar restringida a uno sólo de los supuestos con que nos podemos encontrar leyendo un texto conciliar. Es la posición que expuso claramente Mons. Fellay, en continuidad con la de Mons. Lefebvre: "lo que está de acuerdo con la Tradición, lo aceptamos; lo que es dudoso, lo interpretamos [aquí sí porque estamos ante una ambigüedad] como la Iglesia siempre lo ha enseñado; lo que se le opone, lo rechazamos"

Luego, el peligro radica en que como en tiempos normales la interpretación de los textos recae en la propia autoridad, se le exija a la FSSPX  "aceptar que el magisterio de la Iglesia sea el único a quien es confiado el depósito de la fe para ser guardado, defendido e interpretado". Como advierte el P. de la Rocque (FSSPX) la última exigencia (la "interpretación") constituye un problema, desde que Roma pretende "interpretar" los textos conforme al espíritu del Concilio Vaticano II...