lunes, 10 de julio de 2017

¿"La Veritá" o la Verdad?

Ya sabemos que mientras algunos veríamos con buenos ojos un reconocimiento romano de la FSSPX tal como ella es y ha sido desde su fundación o al menos una extensión plena de facultades para administrar los Sacramentos, otros lo desean en secreto para justificarse en sus posiciones materialmente cismáticas, aunque para el público se presentan a sí mismos como opositores a dicho reconocimiento, al que denominan "acuerdo".
                     
Tal es el caso del blog "Non serviam", el cual anuncia el "bloqueo" de las tratativas entre Roma y la FSSPX haciéndose eco de una nota publicada en el periódico italiano "La Veritá".  Pareciera que es gracias a ese órgano de prensa o vaya a saber a quiénes, que la Verdad se impone.

Los hechos relatados en la nota - una misiva entregada por el Cardenal Muller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a Mons. Fellay el 26 de junio pasado exigiendo a la FSSPX la aceptación de la legitimidad de ejercicio del novus Ordo  y de los postulados del Concilio Vaticano II, rechazada por el último- nos son contados como el resultado de la "mala suerte" ("algo salió mal") o de desinteligencias romanas. 

Lo cierto es que lo ocurrido es una demostración de que la Verdad - defendida siempre por la FSSPX- se impone una vez más por el rechazo, por parte del fidelísimo Mons Fellay, de condiciones inaceptables para la Fe.  Pero sobre las verdaderas causas del "bloqueo" nada dirán  estos  medios. 

Ya lo dijimos en una entrada anterior: al buscarse acuerdos "doctrinales" difícilmente habrá reconocimiento, puesto que tales documentos necesariamente llevarían la impronta del cuerpo "doctrinal" que infesta la Iglesia. 

Ello , sin perjuicio de que los  deseos de que finalmente recaiga un acto de Justicia hacia la FSSPX sigan  vigentes, mientras su apostolado crece cada vez más y pese a los que abandonaron el barco de  la señera embarcación llamada Tradición católica, fiel a la Iglesia y al Papa. 

viernes, 9 de junio de 2017

El latín, el incienso...



Si miramos el video de la Misa de clausura de la peregrinación de "Notre Dame de Chrétienté" de París a Chartres del 5 de junio pasado, oficiada por Su Eminencia Reverendísima el Cardenal Raymond Burke, no podemos menos que congratularnos por tan espléndida liturgia y fervor. Nos vemos tentados de decir que ésto es el catolicismo en su prístina expresión, pero como veremos, es sólo un espejismo.

Recordamos que en la primera época del blog, en la que éramos un poco más idealistas, soñábamos con unir esta peregrinación -que es la tradicional, la de Charles Péguy en su "route de Chartres"-  junto con la otra -porque hay otra- que a fin de no toparse con esta decidió hacer el camino a la inversa, hacia París, la que protagoniza la FSSPX. Al fin y al cabo hubo un momento en que hubo una sola "peregrinación de la Tradición", la que si no recordamos mal, podía alcanzar la cifra aproximada de quince mil participantes. 

Sucedió que los enemigos de la Tradición buscaron la escisión de ese frente común y en oportunidad de las consagraciones episcopales de 1988 surgió el engendro llamado "Ecclesia Dei" para agrupar a los condescendientes con la obediencia mal entendida  o entendida al modo farisaico ("no podemos violar el sábado") o a aquellos que ya lo venían haciendo con algún tipo de "indulto" (o "insulto", que para el caso es lo mismo).

Porque el problema no son las formas exteriores -algunos se las agarran con el "latín" y el "incienso", podríamos agregar la "sotana" y el "bonete"- sino el "espíritu" y la "verdad" (Juan 4, 23-24).  Espíritu y verdad que incluyen el latín, el incienso, la sotana (no estamos seguros del bonete), pero que también presupone una sumisión a lo que nos fue enseñado "siempre y en todas partes" según el Conmonitorio de San Vicente de Lerins. Esto es, a lo que está contenido en cada una de las definiciones dogmáticas y a aquello que fue trasmitido por el magisterio universal y constante.

Ahora resulta que una de las "Fraternidades" que integran la "Ecclesia Dei", la Fraternidad San Pedro, evoca en su presentación institucional y en muchos discursos a "San" Juan Pablo II. Esto que parece una simple concesión a lo "política o (religiosa)mente correcto" no es banal. Implica afirmar que lo actuado públicamente y enseñado por el mencionado Pontífice es digno de ser imitado o  creído por todos los fieles católicos (así por ejemplo, besar el Corán o dejarse marcar la frente por "Shiva", creer en la salvación universal por la simple "encarnación de Cristo", etc). Por las dudas, no deseamos que Juan Pablo II se haya condenado, ni lo afirmamos (el Juicio pertenece a Dios), pero admitir sin más su "canonización" a sabiendas (porque estos sampetrinos no pueden alegar desconocimiento) de sus heterodoxias patentes, no puede significar otra cosa que un deseo explícito de avalarlo todo. 

Podrían alegar que las canonizaciones fueron siempre consideradas como pronunciamientos infalibles, pero se da el caso de que hay materia para poner en duda el aserto, por circunstancias de fondo y coyunturales: las canonizaciones no versan sobre una doctrina de fe o moral, salvo por conexión; el manido tema de si los Papas conciliares -a causa de su liberalismo- tienen o no la "intención" de proclamar la santidad del candidato; el hecho de que quien "canonizara" a Juan Pablo II es el Papa Francisco, el cual no se sabe a ciencia cierta si accedió al trono formalmente (en caso de invalidez de la renuncia de Bendedicto XVI), pudiendo haberlo hecho sólo en virtud del "error común", en cuyo caso ejerce una jurisdicción de suplencia que sólo lo asiste para actos para el bien de la Iglesia.

Otro grupo de esta galaxia, de más reciente creación, el IBP, no presenta estas claudicaciones. Es un ejemplo paradigmático de que aquéllas no son consecuencia de "reconocimientos" canónicos, sino de la deficiencia en las convicciones y de cierta pusilanimidad. El "non possumus" debe ser pronunciado en el momento oportuno, no antes. Un principio clave es el de que mientras uno pueda sortear la crisis de la Iglesia sin infringir ninguna norma, uno debe atenerse a la regularidad. Claro está, este grupo se encuentra en "estado de necesidad latente", por cuanto depende de la buena voluntad de Roma para la ordenación de sus Sacerdotes.

Otro de nuestros sueños fue el nucleamiento de todos los institutos tradicionales en una suerte de "Patriarcado tridentino", bajo la égida de los Obispos de la FSSPX, a manera de sanear las deficiencias de unos y de reforzar el contingente del otro.  Algunos podrán acusarnos de intento de identificar a una institución de la Iglesia con la Iglesia misma. Nada más alejado. Y nos pueden creer, porque que sepamos, siempre hemos reconocido que su Cabeza visible es el Papa ("lejos de mí la idea de erigirme en Papa" protestaba el Venerado fundador de la FSSPX, Mons. Lefebvre).

Y aquí engarzamos con la presunción que nos participaba un amigo de esta casa y que compartimos nosotros también, el Papa parece querer deshacerse o al menos aleccionar a estos institutos tradicionales que claudicaron en algo: Franciscanos de la Inmaculada, Ciudad del Este, Orden de Malta y  ahora parece que le toca el turno a los Heraldos del Evangelio. Entre los mencionados hay dos denominadores comunes: por un lado, la obediencia servil, que es incapaz de invocar un estado de necesidad cuando éste realmente se presenta y condescender con el mal (i. e imposición de la misa nueva a los Franciscanos de la Inmaculada) y,  por otro lado, son representantes de una "facción" (la que responde a Benedicto XVI). Y Francisco, que puede ser hereje material pero no es tonto, sabe que "el hombre que adula a su prójimo tiende una red ante sus pasos" (Proverbios, 29, 5), y por eso los anula.

De más está decir que ese "partido" no es el de la Verdad íntegra, es el de la "hermenéutica de la continuidad", el del latín, el incienso, la sotana ...y el bonete.

martes, 6 de junio de 2017

Etiquetas II

Habida cuenta de cierta evolución en cada una de las "etiquetas" que comentamos en una entrada anterior, procedemos a desarrollar y a clarificar lo atinente a cada una de ellas, suscribiendo lo anteriormente dicho:

1- "Acuerdismo"

Decíamos que no hay nada que acordar sino que Roma debe reconocer a la FSSPX tal cual es. Lamentablemente, este punto no es entendido por todos dentro de la FSSPX y algunos "exigen" el firmar una "nota doctrinal" en aras de un supuesto mejor entendimiento en el futuro (al parecer, los famosos "prerrequisitos" apuntaban a lo mismo). Este error puede responder a dos factores: el primero, el dar largas a las negociaciones -lo que claramente era la intención de los infiltrados de celo amargo y puede serlo ahora de los dubitativos- a sabiendas de la dificultad que insume tal propósito; el segundo, una condición puesta por la propia Roma para intentar comprometer a la FSSPX de alguna forma. Además de ello, agregamos nosotros, la firma de tal "acuerdo doctrinal" resulta peligroso aun cuando no suponga concesión para la Fe: se corre el riesgo de pecar por omisión, por ej. al afirmar que la nueva misa es "válida", lo cual puede llegar a ser cierto, porque se estaría omitiendo la maldad del rito en cuestión o al decir que los documentos del Concilio deben leerse "a la luz de la Tradición", lo cual también es verdad, porque se estaría omitiendo que muchos de ellos presentan verdaderos errores. Nuevamente, no vemos ninguna necesidad de acordar nada.

2- "Resistencia"

En la entrada anterior distinguíamos la posible fundamentación de esta postura de las formas adoptadas por sus proponentes. Nos quedamos cortos en la apreciación, ciertamente negativa de esta corriente. Las formas están a la vista, no necesitan de mayor explicación. Pero la fundamentación es inexistente o en todo caso carente de verdad. Fuimos nosotros, en un intento de querer blanquear la posición en personas que creemos de buena voluntad, que tiramos el salvavidas del "miedo grave". Pero resulta que éste es alegado sólo en forma implícita y,  en ocasiones, ni siquiera de esa forma. Así por ejemplo, las consagraciones ilícitas de Mons. Williamson tuvieron como fundamento una "amenaza de guerra" (en Siria, extensible al mundo) sin ninguna relación con la perpetuación del episcopado tradicional, y una supuesta "defección" de la FSSPX (excusa que resulta de transformar un eventual miedo subjetivo a traicionar la Fe en una causal objetiva). En consecuencia, la "resistencia" ha devenido en una corriente materialmente cismática. Distinto sería el caso de que mañana Mons. Fellay -en vistas, supongamos, de la existencia de unas condiciones inaceptables para el reconocimiento romano- decidiera consagrar Obispos sin autorización de Roma, puesto que en ese caso lo haría por la misma razón objetiva que Mons. Lefebvre, esto es, la de perpetuar la Tradición (teniendo presente la edad y la salud de los Obispos que permanecen fieles así como las necesidades del apostolado).

3- "Papado"

Seguimos viendo con preocupación las críticas sistemáticas al Sumo Pontífice. Este puede "hablar como el Dragón" (y lo hace), pero "tiene cuernos como el Cordero" (no ha perdido la potestad para mandar cosas legítimas, sea por jurisdicción propia o suplida).  Por otro lado, su hablar contrario a la Tradición pensamos que está lejos,  en cuanto a su poder de seducción, del de un Juan Pablo II con su "gnosis" de la "salvación universal". Algunos perciben su acercamiento a la FSSPX como un intento de debilitar a la institución. Pensamos que no es así, como tampoco lo fue el reconocimiento administrativo operado en Argentina. No debemos descartar en ningún momento que la Providencia divina se valga de instrumentos poco dignos o contradictorios para un buen fin. 

4- "Fátima"

Ya nos hemos referido a ella en entradas específicas en el blog. Otros blogs han insistido en la deformación del mensaje de Fátima que emana de Roma. Nuestra preocupación ha sido desmontar las alteraciones al mensaje que provienen de sectores que podríamos denominar de la "oposición" al conciliarismo, sean éstos "neo tradis" o "sedevacantistas", por estimarlas más peligrosas. La postura de que la consagración de Rusia ya fue realizada, la hemos contradicho con dos argumentos: las declaraciones de la auténtica Hna. Lucía al P. Agustín Fuentes en 1957 que recuerdan que aquél país no se había "convertido" en ese año y no olvidemos, la afirmación de que "la Santa Virgen está muy triste porque nadie hace caso de su mensaje, ni los buenos ni los malos...", así como por otras declaraciones de la misma Hna. Lucía, cuando ante la noticia de la consagración (incompleta) de 1952 pide "paciencia" (lo que supone seguir esperando algo) o cuando, en 1967, indica cómo "el mundo podría entrar en una era mejor de paz, tranquilidad y salvación": "arrancando esta gracia del Corazón de Dios por medio del Corazón Inmaculado de María"; la constatación de la realidad: el sinsentido de un "cese de la persecución interna en Rusia" mientras se sucedían los ataques del comunismo en todo el mundo y la falta de paz ininterrumpida desde el fin de la Segunda guerra mundial. Recordemos que la promesa de un "triunfo final" es incondicional y que sea "tarde",  como lo será, no quiere decir en forma defectuosa, puesto que las promesas anexas también se cumplirán infaliblemente (nosotros pensamos que se trata del triunfo de la Virgen sobre la serpiente antigua, del fin de la era de los gentiles y de la paz escatológica). 

5- "Apocalipsis"

Esta claro para nosotros que el final de los "1260 días" se encuentra relativamente próximo. Ese término simbólico, equivalente a los "42 meses", a los "tres años y medio" y al "tiempo, tiempos y medio tiempo" se caracteriza por dos desarrollos paralelos: la predicación de los "dos Testigos" (Ap XI, 3) y la persecución de los santos (Ap XIII, 5). En relación a ello, nos vemos obligados a hacer una precisión importante, dada la identificación que hemos efectuado de los Testigos: no creemos posible que vaya a existir "reconocimiento" de la FSSPX mientras perdure el "Falso profeta", puesto que este opera como soporte de la "primera Bestia" -a la que se le dió "poder sobre los santos para vencerlos"-  y  no podría contravenir ese poder. Así pues, la "reivindicación" de los Testigos es casi probable suponga algo distinto, quizás hasta la misma desaparición de sus oponentes [pronóstico que no altera los criterios de actuación que mencionamos en las etiquetas  1 y 2]

martes, 30 de mayo de 2017

¿Por un acuerdo doctrinal? (análisis)



Se ha conocido recientemente un interesante estudio del P. Jean-Michel Gleize (FSSPX) aparecido en "Courrier de Rome" del 29 de mayo pasado y reproducido en el sitio oficial del Distrito de Francia cuyo título es : "¿por un acuerdo doctrinal?"

Para empezar nos  hemos preguntado si el mismo refleja la posición de la Casa general o si es sólo una opinión personal del autor. Lo primero pudiera pensarse, dado el carácter oficial  y público, aunque es divergente en sus conclusiones con la postura, igualmente pública, del Superior General (siendo así y consistiendo sólo en una reflexión personal del autor, no estaría muy lejos de significar una desautorización similar a la ocurrida recientemente y que tuviera por protagonistas a Priores y Superiores de Comunidades, sólo que en este caso, con un carácter académico y menos acometedor)

Luego, si su publicación no encubre una suerte de lección a los "subversivos", en el sentido de demostrarles que  el disenso es posible dentro de la FSSPX mientras se guarden las formas y no se cuestione -al menos en forma directa- la dirigencia de la institución.

Dejando estas preguntas de lado, el estudio presenta algunos aciertos, pero no obstante su conclusión nos parece aventurada, al menos no bien fundamentada. 

Comienza con una distinción de lo que pudiera entenderse por "acuerdo doctrinal" desde el punto de vista de las autoridades romanas, y señala dos posibilidades: una, el deseo por parte de ellas de querer volver a la Tradición; la otra, la de un reconocimiento canónico sólo para la FSSPX, lo que constituiría un bien particular. Concluye esta primera parte afirmando que, para Roma, la opción es la segunda.

[en cuanto constatación de una intención subjetiva pero manifestada en reiteradas ocasiones, pensamos que es correcta]

Seguidamente, efectúa una consideración en cuanto a que los documentos del Vaticano II, considerados como objeto moral que son percibidos por los fieles como un conjunto homogéneo, deben ser rechazados en su totalidad a causa de los errores que presentan, negándole carácter magisterial.

[esto que se dice es correcto por cuanto sabemos que los textos conciliares no contienen magisterio infalible, sea extraordinario u ordinario, al que haya que prestarle adhesión de fe, y sólo se atribuyó carácter "pastoral" -y de mala factura]

Enuncia luego los errores más manifiestos: libertad religiosa, colegialismo, ecumenismo, "tradición viva" 

[es de señalar el interesante dato que aporta en cuanto al concepto erróneo de "Magisterio" por parte de los modernistas, como siendo intérprete del magisterio anterior -como si pudiera revisarlo- en lugar de serlo de la misma Revelación]

así como el caso de la nueva misa, que resulta favorecedora de herejías y como tal es ilegítima; y el caso del nuevo código de derecho canónico, que igualmente presenta errores y en cuyo caso el Código de 1917 no debe presumirse derogado.

[correcto, debiendo precisar que la validez de la nueva misa no se pone en duda siempre que se tenga "intención de hacer lo que hace la Iglesia" y que se trata de ilicitudes de ejercicio, no de quien ha promulgado estas leyes y que hace a la legitimidad de origen]

En el punto 28 se explaya en cuanto a considerar un posible "acuerdo doctrinal" como un acto indiferente, con un efecto bueno (la regularización y, como algo eventual, un campo mayor para el apostolado) y dos efectos malos (el que se pueda llegar a pensar que la Tradición es sólo un bien particular y el riesgo de que se pueda llegar a traicionar ese bien a causa de ser la Roma actual favorecedora de herejías). Se pronuncia asimismo en cuanto a sostener que, dado el agravamiento de la crisis,  no sería la oportunidad para alcanzar el acuerdo.

[en este punto discrepamos: un "acuerdo doctrinal" que no ofrezca concesiones para la Fe, seguido de un reconocimiento canónico,  no es "indiferente", es un acto de reafirmación de la Fe y de obediencia al Superior, de suyo bueno; lo del bien particular no es un efecto del reconocimiento, no es creado por éste, el bien ya es particular actualmente donde sólo la FSSPX ha mantenido la doctrina y la liturgia íntegramente católica; el riesgo de traicionar es sólo una hipótesis, que como tal, salvo en lo que diremos en el comentario final, no habilita a desobedecer una orden legítima; la oportunidad no viene al caso, puesto que la facultad para mandar cosas legítimas no se ha perdido por parte de la autoridad, en cuyo caso lo que debemos analizar es la legitimidad o no de la orden]

Finaliza el estudio, abogando por esperar a que Roma descarte los errores conciliares de en medio de los creyentes.

[lo que subyace en el autor es evidentemente un "miedo grave" a traicionar la Fe, citando incluso la -mala- experiencia de otros institutos tradicionales; ya hemos dicho que es posible alegar esta causa de justificación,  pero que siendo una causal subjetiva, habría que limitarse a su expresión, lo cual no da derecho a transformarla en causa objetiva -como fue el caso del "estado de necesidad" de Mons. Lefebvre- ni por tanto escudarse en ella para consagrar Obispos sin autorización del Papa o anatematizar a quienes no presenten ese "miedo grave"; la otra posibilidad que cabe es la de esperar a que se presente la ocasión para alegar la causal: así por ej, somos de la opinión de que los Franciscanos de la Inmaculada se encontraron frente a un "estado de necesidad" cuando les fue impedido seguir oficiando la misa tradicional, sólo que ellos no lo vieron así a causa de su birritualismo]

miércoles, 24 de mayo de 2017

Criticómetro vs Testimonio

Parece que ahora para medir si alguien es merecedor del título de "Defensor de la Fe" hay que recurrir a un criticómetro que contabilice la cantidad  -y a veces la intensidad- de las críticas proferidas al Papa Francisco. No importa que al Papa le lluevan las críticas (las más de las veces justificadas): todos estamos obligados a aportar nuestro granito de arena para aumentar el volumen de las mismas, so pena  de quedar fuera de la carrera por la impoluta categoría que mencionamos al principio.

Nosotros hemos sido los únicos -que sepamos- en haber otorgado a la FSSPX y a las Comunidades amigas, el carácter de Testigos escatológicos: un blogger francés (autor de "Le grand réveil") lo retomó a instancia nuestra, cambiando su identificación a partir de un comentario nuestro en su bitácora. Esa adjudicación implica -si seguimos las Escrituras en filigrana- que esos Testigos cumplieron una etapa exclusivamente testimonial que culminó en su "muerte" (la presunta "excomunión") y otra como "cadáveres" (presuntamente "excomulgados"), pero en las cuales han siempre "profetizado" (puesto que el total de la predicación es de "1260 días", los cuales no han finalizado aún). 

Los errores conciliares ya fueron denunciados por Monseñores Lefebvre y Castro Mayer: colegialismo, libertad religiosa, ecumenismo, modernismo, etc. En la medida que las autoridades romanas prosigan en la línea denunciada sin recapacitar, se encuentran alcanzadas por dichas críticas. Pero la FSSPX ha seguido profetizando "a tiempo y a destiempo" (2 Timoteo 4, 2), tal como se desprende del sitio de la Casa general, de las páginas de cada una de las Sede de Distrito, del sitio de Noticias y de los múltiples órganos de prensa vinculados de una u otra forma al apostolado de la FSSPX. 

Muchas veces se retoman las críticas que otros efectúan (de nuevo, no se trata de una carrera infantil para ver quién llega primero...), como ha sido el caso de las "Dubia" presentadas por cuatro Cardenales de la Iglesia y respecto de las cuales se hace necesario no interferir con ellas. Por otro lado, y así lo ha puntualizado el Superior del Distrito de Francia, la crítica resulta "sorda, parcial, a veces insuficiente incluso incoherente, desde que se inspira en los falsos principios de los cuales las últimas recaídas no son, sino por desgracia, más que sus consecuencias lógicas" (en "Fideliter" Nº 235). Lo que venimos diciendo desde aquí hace tiempo, a las críticas muchas veces les falta contextualizar: de nada sirve ensañarse con Francisco si al mismo tiempo no enmarcamos su pontificado en una línea de malos pontífices que lo precedieron en los errores y defecciones. La falta de coherencia se vuelve a repetir cuando en una muy buena toma de posición del Cardenal Burke, que aplaudimos, se pide la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado, pero se evoca la fallida consagración de "San" Juan Pablo II...

Siguiendo con la adjudicación que mencionamos, sólo queda una reivindicación del testimonio y de la profecía que en forma continua e íntegra han realizado los dos Testigos. En el pasado hemos formulado la ecuación: muerte/"excomunión" y reviviscencia/reconocimiento canónico. No la descartamos, tiene sentido. Pero el reconocimiento canónico no es en absoluto una necesidad: es una obligación de Roma, pero la reivindicación puede adoptar variadas formas, empezando por la más clara que sería la vuelta a la Tradición en la Iglesia (ya lo decía Mons. Lefebvre: "Entonces, el problema de la reconciliación ya no tendrá razón de ser y la Iglesia volverá a tener una renovada juventud"). Esto que parece imposible está profetizado para estos últimos tiempos, cuando las Escrituras hablan de la "purificación del Santuario" (Dn 8, 14)

Concluimos pues: el argüir es "a tiempo y a destiempo", esto es , siempre, pero "siempre" no quiere decir en forma torpe (superponiéndose a otras críticas) o descontextualizada (avalando errores anteriores por parcialidad).

domingo, 14 de mayo de 2017

La alteración del mensaje de Fátima



En coincidencia con la conmemoración de los cien años de la primera aparición de la Virgen en Fátima, Portugal, hemos sido testigos de cómo el diabolus se ha ensañado con el mensaje de Fátima. Decimos bien el "mensaje", porque no sólo se busca alterar los secretos sino todo lo que lo rodea, su alcance y su significado escriturístico. Ya lo hemos mencionado pero vale la pena reiterarlo: el alcance del mensaje de Fátima es escatológico y la aparición de la Virgen de Fátima en 1917 es la "señal" de la "Mujer vestida de sol" del Apocalipsis, con la cual se inicia el último tramo -la última "semana de años"- de la humanidad antes del "resplandor de su Venida".

En el centro de los ataques están las últimas declaraciones de la auténtica (ya volveremos sobre ésto) Hermana Lucía del Corazón Inmaculado que pronunciara en 1957 en una entrevista al Padre Agustín Fuentes, postulador de la causa de beatificación de los otros videntes, Francisco y Jacinta Marto. 

El pasado año surgió la noticia de que, según unas confidencias hechas por la Hermana Lucía al Cardenal Caffarra, "la batalla decisiva entre Cristo y Satanás sería acerca del matrimonio y de la familia". Curiosamente, estas afirmaciones, que habrían llegado a conocimiento del purpurado en 2008, se descubrían a poco de salir la Encíclica "Amoris laetitia". Como ya hemos dicho, esta "noticia" es atractiva para los neocones (y algunos neo tradis), lo cuales centran su "combate" en los temas morales en los que el enemigo es lo más difuso posible y les permite distraer la atención sobre la verdadera "batalla final"

En efecto, en la entrevista que mencionamos de 1957, la auténtica Hermana Lucía dice: ‘Padre, el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen; y como sabe qué es lo que más ofende a Dios y lo que, en menos tiempo, le hará ganar mayor número de almas, está tratando de ganar a las almas consagradas a Dios, ya que de esta manera también deja el campo de las almas desamparado, y más fácilmente se apodera de ellas". Esta es pues la verdadera "batalla decisiva": la del diablo contra los clérigos, que habría de conducir a la apostasía de muchos de ellos en los años subsiguientes.

De ello, y en virtud de la contradicción en los términos, podemos extraer dos conclusiones: o lo reportado por el Cardenal Caffarra no es verídico o realmente le fueron confiadas dichas revelaciones pero no por la auténtica Hermana Lucía sino por quien, casi con certeza, la suplantó a partir de los años sesenta.

Y aquí introducimos el segundo ataque al mensaje de Fátima y en concreto a la entrevista de 1957, que es el llevado a cabo por sedevacantistas ante el miedo que les produce el tener que reconocer que la consagración de Rusia resta por hacerse, por cuanto, de ser así, se estaría confirmando la legitimidad del Papa y de los Obispos unidos a él, a los cuales va dirigida la petición. 

Los sedevacantistas refieren que la consagración de Rusia ya estaba hecha en 1952 mediante la "Carta apostólica a los pueblos de Rusia" efectuada por Pío XII (sin la participación de los Obispos del mundo). Aquéllos alegan que la "conversión de Rusia", que es uno de los efectos de la consagración, no significa la conversión a la fe católica sino el "cese de la persecución en Rusia" (tomando como referencia algunas relaciones epistolares de la Hermana Lucía que así lo consignan); y que el "cierto tiempo de paz dado al mundo", que es otro de los efectos de la consagración, no significa una paz mundial sino una relativa, la que habría empezado a verificarse en 1991 (sic!) luego de la caída del muro de Berlín.

En contraste, la referida entrevista alude a una Rusia no convertida y a un peligro para la paz del mundo cuando dice: "Dígales, Padre, que la Santísima Virgen, repetidas veces, tanto a mis primos Francisco y Jacinta como a mí, nos dijo: Que muchas naciones de la tierra desaparecerán sobre la faz de la misma, que Rusia sería el instrumento del castigo del Cielo para todo el mundo, si antes no alcanzamos la conversión de esa pobre Nación". Notemos el tiempo verbal de "alcanzar" u "obtener" -presente del indicativo- y el año en que fueron dichas estas palabras -1957. Esto es, queda claro que para ese año, la consagración no se había efectuado tal como la Virgen pidió, de lo contrario la Hermana Lucía no habría insistido sobre el punto.

Por nuestra parte, en concordancia con los dichos de la auténtica Hermana Lucía, sostenemos que los castigos anunciados en el segundo secreto de Fátima se extienden más allá de la Segunda guerra mundial hasta nuestros días (baste pensar en las "persecuciones a la Iglesia") y los "errores de Rusia" son hoy los del socialismo democrático extendido por todo el orbe, las teorías de género y contra la natalidad propagadas desde gobiernos de "izquierda", etc (y ello sin entrar en disquisiciones sobre la connivencia del marxismo con el liberalismo y otras cosillas); en cuanto a la "paz mundial" en ningún lugar se dice que sea relativa, el adjetivo "cierto" indica indeterminación temporal pero no sustancial, y queda claro que desde el fin de la Segunda guerra mundial y hasta nuestros días no hubo nunca una paz real.

El otro tema que es objeto de ataques es el del tercer secreto de Fátima, respecto del cual ya mencionamos en una entrada anterior el último intento tendiente a desvirtuarlo. Primero fueron los modernistas, haciéndonos creer que el tercer secreto refería al pasado y al (¿auto?) atentado a Juan Pablo II y ahora son los sedevacantistas y algunos despistados que quieren enterrarlo con un extraño pseudo secreto. 

Recurriendo una vez más a la importantísima entrevista de 1957, allí la Hermana Lucía dice: "Pero, créame, Padre, Dios va a castigar al mundo, y lo va a castigar de una manera tremenda. El castigo del Cielo es inminente. ‘¿Que falta, Padre, para 1960; y qué sucederá entonces? Será una cosa muy triste para todos; y no una cosa alegre si antes el mundo no hace oración y penitencia. No puedo detallar más, ya que es aún un secreto ... ‘Es la tercera parte del Mensaje de Nuestra Señora, que aún permanece secreto hasta esa fecha de 1960" 

Está claro entonces que el tercer secreto gira en torno a la crisis en la Iglesia a partir de los años sesenta, pero con detalles que lo hacen "terrible" (de carácter apocalíptico) y no con vericuetos como hace el pseudo secreto de los sedevacantistas al revelar una "apostasía" surgida de la nada, con elementos extravagantes como "iglesias feas", "ojos del mal" y "piedras angulares" y en el que se menciona al pasar a Juan Pablo II (uno de los principales artífices de la apostasía) sin el más mínimo reproche hacia él.

Por último, quisiéramos hacer una mención al tema de la sustitución de la Hermana Lucía de Fátima por una impostora. Los sedevacantistas hacen retrotraer la sustitución al 31 de mayo de 1949 en base a las fechas de un catálogo de Carmelitas informatizado en el cual se encontró que la fecha de defunción de la Hermana Lucía era en esa fecha. En realidad, ese día y año resulta ser el de la profesión como Hermana carmelita, por lo que es dable pensar en una confusión. En todo caso, esta conclusión de los sedevacantistas se debe a querer negar el carácter verdadero de la entrevista de 1957. 

No somos expertos en morfología humana y por más que estudiamos las muchas fotos que se pueden encontrar en internet, no podemos llegar a algo concluyente al respecto, si bien nos inclinamos por pensar en que existe -en el aspecto físico- alguna diferencia entre la Lucía de antes de los sesenta y la que hace su aparición en la visita de Pablo VI a Fátima. La actitud de una y otra son por su parte claramente diferentes, especialmente en los últimos años de la segunda, con su adulación a Juan Pablo II. En relación a los escritos, encontramos una línea bastante clara hasta los años ochenta (a vía de ejemplo, una carta al P. Humberto fechada en 1980 reitera con precisión los pedidos de consagración de Rusia y su diferencia con el pedido de consagración del mundo y la contestación al Obispo de Boston en 1989 declarando que la consagración de Juan Pablo II de 1984 no había cumplido con los requisitos de la Virgen). 

Lo que nos parece imposible es la participación de la verdadera Hermana Lucía en las misas novus ordo, puesto que tenemos por cierto que uno de los elementos del tercer secreto es precisamente la "Supresión del Sacrificio perpetuo" en 1967-69 (no nos referimos a la invalidez sino a la maldad del nuevo rito, que desvirtúa -sinónimo de "abolir"- el Sacrificio eucarístico). La verdadera Hermana Lucía, en conocimiento de ese detalle, no podría haber participado en liturgias novus ordo ni siquiera por "obediencia". En definitiva, pensamos que la verdadera Hermana Lucía (que aparece en la foto que publicamos) pudo haber vivido hasta finales de los años ochenta (por lo epistolar que mencionamos) pero su actuación pública fue cumplida desde los años sesenta por otra persona. Y así vivió un "tiempo más" como le prometió la Virgen, tiempo suficiente para testimoniar de la devoción al Corazón Inmaculado y del mensaje recibido.

domingo, 7 de mayo de 2017

Notas relativas a la carta de la Comisión "Ecclesia Dei" sobre los matrimonios FSSPX

[Hemos editado la primera parte y nos limitamos a comentar la carta de la Comisión "Ecclesia Dei"]


El Comunicado de la Casa general agradece el gesto papal el que a su vez no hace otra cosa que recoger el principio (bien decimos, el principio) para la validez  y licitud del Sacramento del matrimonio: que éste sea celebrado ante el párroco o su delegado, con la presencia de dos testigos y reconoce que esta circunstancia alcanza también a los Sacerdotes de la FSSPX en ciertos casos. 

Lo primero que sobresale es que este "reconocimiento" en nada afecta ni niega  la jurisdicción de suplencia invocada por la FSSPX y basada en la "causa justa" de los fieles (ya decía Mons. Lefebvre que los Sacerdotes de la Fraternidad no se arrogarían jurisdicción propia sino sólo la de suplencia en virtud del pedido de los fieles). Esta solución nada tiene que ver con estructuras canónicas o reconocimientos como el presente, rige siempre en la Iglesia cuya máxima es que "la salvación de las almas es la ley suprema".  

De hecho, la "causa justa" debe ser ponderada en cada caso: a vía de ejemplo, somos de la opinión de que el Sacramento de la Confesión es perfectamente válido y lícito con un Sacerdote "oficial" siempre y cuando nos conste que confiere la absolución (las dudas de orden doctrinal pueden perfectamente ser evacuadas fuera del Sacramento ante Sacerdotes ortodoxos y lo único que se requiere para el penitente es la acusación de sus pecados con la debida contrición y el propósito de enmienda). Y sucede lo mismo con el Sacramento del Matrimonio, donde el peligro para la Fé podría estar en una mala preparación de los futuros cónyuges (de ahí que el Comunicado de la Casa General recuerde que la misma seguirá siendo privativa de la FSSPX) y no en la sola presencia de un Párroco "oficial" en la ceremonia de celebración del Sacramento. 

Claro está, puede haber excepciones  que hagan necesaria la ocurrencia a Sacerdotes de la FSSPX en invocando la aludida "causa justa" : necesidad de confesar alguna falta que tenga que ver, en forma mediata o inmediata, con la crisis de la Iglesia en el primer ejemplo [esta era la situación antes de la autorización del Papa Francisco respecto de las confesiones en la FSSPX]o una prédica adrede errónea en algún Presbítero o su falta de sacralización en el segundo ejemplo o, como menciona la nota aclaratoria propuesta por la misma FSSPX, el desconocimiento que se tenga del referido Presbítero.

Lo segundo, esta disposición es evidentemente provisoria, siendo que se comenta que Roma ya tiene en mente una estructura canónica para la FSSPX consistente en una Prelatura personal  en cuyo caso  la solución definitiva debería pasar por una delegación formal por parte del Obispo local a los Sacerdotes de la mencionada estructura para celebrar válida y lícitamente todos los Sacramentos en el rito tradicional.

Dicho esto, sigue vigente la necesidad de extremar la atención en cada una de las proposiciones romanas, a fin de estar seguros de que lo que se reconozca implique siempre el mantener a la FSSPX tal cual ha sido desde sus fundación y continúa siéndolo al día de hoy, mal que le pese a los cizañeros.