viernes, 27 de noviembre de 2015

Contundente respuesta a los Dominicos de Avrillé

Nuevo panfleto de los cismáticos "Dominicos de Avrillé" y nueva necesidad de impugnarlo por nuestra parte.

Brevitatis causae, los Dominicos de Avrillé, sostienen que la FSSPX no debe recepcionar las indulgencias previstas para el "Año de la Misericordia" por enmarcarse el mismo en el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II y la "respuesta" que ellos formulan es la que sigue:

"La moralidad de un acto humano se juzga no sólo por su objeto, sino también por lascircunstancias (I-II, q. 18, a. 3). Por ejemplo, llevar un mango de picota de camino al campo de cultivo tiene una moralidad diferente a llevar el mismo mango de picota de camino a una manifestación.

El Año Jubilar de la misericordia se ve manchado por las siguientes circunstancias: la fecha del jubileo fue elegida para celebrar los 50 años del concilio, y la "misericordia" promovida por Francisco es una misericordia laxista que impulsa al pecado.

La participación en el Jubileo no puede ignorar estas circunstancias, por lo que esa participación es inmoral" (según traducción del blog cismático "Syllabus")

Pues bien, lo que parece tan simple no lo es. Citamos de los "Documentos" de Antonio Pardo (Universidad de Navarra): 

El hombre, si ha sido adecuadamente previsor antes de actuar, conoce los efectos que van a derivarse de su acción, y sabe, si es el caso, que algunos son poco o nada deseables: son los efectos tolerados. Los efectos tolerados son voluntarios. No son intentados, pues no son el fin pretendido. Pero no puede decirse coherentemente que son involuntarios. Si fueran absolutamente involuntarios serían, sin más, no imputables al sujeto (66).

Por tanto, el hombre, al actuar, los quiere, los hace objeto de la intencionalidad de su voluntad. No es que los pretenda (no son su intención). Pero los quiere. Si no los quisiera de ninguna manera, no emprendería la acción que realiza. Tolerar es precisamente eso: aceptar con el acto de la voluntad unos efectos de la acción, que no son lo directamente pretendido (67).

Una voluntad buena se manifiesta en que desarrolla actos buenos, en que pone su intencionalidad en objetos adecuados al hombre. Por tanto, unos efectos malos serán tolerables siempre que el conjunto de cosas que quiere la voluntad del que actúa se pueda valorar como bueno (siempre dentro de la hipótesis de que la intención y la decisión son buenas, como hemos visto).

Dentro de este contexto, para ver si la voluntad es globalmente buena, tenemos que comparar si quiere, en conjunto, más bienes que males. Esto sólo se puede hacer comparando el acto de la voluntad que mueve toda la acción (la intención) con la aceptación voluntaria de los efectos tolerados. Lo que se tolera deberá ser, por tanto, proporcionado a lo que se intenta (73). Si, para conseguir un bien se tolera un mal mayor que ese bien, esa voluntad será mala. Si para conseguir un bien se tolera un mal menor, esa voluntad será buena.

Los estudios de moral clásicos, siguiendo la sistematización de Santo Tomás en la Summa Theologiae(83), analizan en el acto moral el objeto, el fin y las circunstancias. Para examinar la licitud de acciones que tienen efectos buenos y efectos malos, estos tres elementos no bastan, y tienen que recurrir a la elaboración de unas reglas que permitan determinar si una acción con efectos buenos y malos puede realizarse sin culpa moral. Estas reglas constituyen el llamado principio de la acción de doble efecto.

En sede de Bioética  -por tanto, insospechado de querer favorecer a los "acuerdistas"- se menciona el principio de doble efecto, según el cual es posible realizar un acto que produzca o pueda producir un resultado malo, siempre que se cumplan los siguientes requisitos:

1. Que la acción en sí misma, prescindiendo de sus efectos, sea buena o al menos indiferente.
2. Que el fin del agente sea obtener el efecto bueno y se limite a permitir el malo.
3. Que el efecto primero e inmediato que se sigue sea el bueno.
4. Que exista una causa proporcionalmente grave para actuar

Queda claro que la recepción de las indulgencias por la FSSPX es en sí misma buena (1) el fin es aprovechar la gracias anexas a la obtención de las indulgencias, tolerando que su recepción sea en ocasión del "Año de la misericordia" que conmemora el Concilio Vaticano II (2) el efecto primario e inmediato de la acción es la remisión de la pena debida por el pecado, por tanto bueno (3) y existe causa grave en la medida que refiere al fin último del hombre (4).

En definitiva, la ocasión en este caso no es medio (si no no sería circunstancia), y el mal estaría no en la aceptación del Concilio o de la concepción laxa de la misericordia (que, como va dicho, no se quiere) sino en que los demás pudieran pensar que tal aceptación ocurre. Todo ello frente a la certeza de obtener, eventualmente, el Cielo sin tener que pasar por el Purgatorio.


--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El autor del blog "Compendio de errores" ha debido salir en defensa de los monjes de Avrillé los cuales veladamente (claro, se trata de piadosos monjes incapaces de agraviar a alguien) acusan a la FSSPX de aceptar el Concilio Vaticano II o una concepción laxa de la "misericordia" en aras de un inconfesable "acuerdo" con las autoridades romanas. Lo cual es completamente difamatorio y agresivo, por contrario a la verdad, tal como se demuestra aquí.

Difama también el compendiador al menospreciar nuestros estudios exegéticos, siendo incapaz de refutarlos o creyendo, tal vez, que los Profetas Enoc y Elías no han venido todavía o porqué no, que son el P. Chazal (por la barba) y el P. Tomás OSB (?)...

El cisma (objetivo) de los mencionados monjes y de sus acólitos se puso de manifiesto cuando no aceptaron por principio el recibir un reconocimiento unilateral de parte de Roma para regularizar la situación canónica de la FSSPX (cisma material) y luego, al apoyar la ilícita consagración del P. Faure al episcopado, sin estar amparada en causa de justificación alguna (cisma formal).

Pedimos disculpas a la autora del blog "Non possumus"  por confundir la autoría de la traducción del panfleto, pero es que como el "Compendio de errores" y el "Non serviam" son reflejo uno del otro, se hace difícil determinar autorías.

Sobre los requisitos enunciados en nuestrar refutación:

Acerca del primer requisito: no hay contradicción respecto del objeto de la acción. Se “participa” del Jubileo, recibiendo las indulgencias que prescribe (de hecho,  se solía decir que uno de los géneros de indulgencia era la llamada “Jubileo”).  Esa es la “participación” que se ataca. La convocatoria del Jubileo y su oportunidad no son imputables a la FSSPX.

En cuanto al segundo requisito: tampoco hay contradicción alguna. Modificamos antes de conocer el “libelo”, el término "obtener" por "aprovechar" a efectos de no ser redundantes. El fin por el cual se reciben es para obtener las "gracias anexas" (podrá ser español antiguo -basta googlear la expresión-  pero se entiende que es ganar la indulgencia). Ese es el fin de la acción. 

Respecto del cuarto requisito: estamos hablando claro está del "fin último" que es la salvación:
"Tomás de Aquino acepta del aristotelismo que la felicidad es el fin úl­timo del hombre, y que el conocimiento de la naturaleza humana per­mite especificar un conjunto de normas morales que constituyen la ley natural. Aquino, pues, se vuelve a un análisis de la naturaleza humana. Platón y Aristóteles interpretan la naturaleza humana como fuente de nor­mas morales. Se preguntan cuál es el fin a cuyo cumplimiento está orientado el ser humano, dónde se hallan el perfeccionamiento y la plenitud humanas. Este planteamiento da lugar a una ética de los fines, a una ética basada en la perfección o cumplimiento de las exigencias de la naturaleza humana. Tomás de Aquino, siguiendo a Aristóteles, se adhiere a esta concepción finalista, teleológica, de la naturaleza. El fin último del hombre en la tierra es la felicidad, que consiste en la actividad contemplativa. Pero si consideramos nuestra inmortalidad, la felicidad última consiste en la contemplación de Dios" 

Ahora bien, con respecto a las “circunstancias” (que constituyen todo el argumento contra la “participación” de la FSSPX en el Jubileo), es dable precisar con Santo Tomás de Aquino que "no se tiene por circunstancia a la condición de la causa de la que depende la sustancia del acto, sino otra condición añadida; así, en el objeto no se dice que sea circunstancia de un robo lo ajeno, porque esto pertenece a la sustancia del robo, sino que sea de mayor o menor cantidad. Lo mismo ocurre con las demás circunstancias que surgen de las otras causas. Pues no es circunstancia el fin que da la especie al acto, sino un fin sobre añadido; por ejemplo: no es circunstancia que un hombre fuerte actúe con vigor por el bien de la fortaleza, pero sí lo es que lo haga por la liberación de una ciudad o del pueblo cristiano o por algo semejante. Lo mismo ocurre también a propósito de qué, pues no es circunstancia de una mojadura que alguien, al echar agua sobre otro, lo moje; lo es, en cambio, que al mojarlo lo enfríe o lo caliente, lo cure o le haga daño." El festejar un evento (a través de la "participación") que se supone feliz para la Iglesia pertenece a la sustancia del Jubileo, ergo, el hecho de que se conmemore el Concilio Vaticano II o que se quiera poner énfasis en la “misericordia” no constituyen “circunstancia” a tener en cuenta (en contra lo que se dice en la respuesta a la objeción 6). Y por ello, siendo todas las indulgencias iguales, es indiferente que existan “otras maneras” de lograrlas.

Así pues, repasando los requisitos enunciados en nuestra refutación:

Queda claro que la recepción de las indulgencias por la FSSPX (“participación”) es en sí misma buena (1) el fin es aprovechar la gracias anexas a la obtención de las indulgencias (“ganar las indulgencias”), tolerando que su recepción sea en ocasión del "Año de la misericordia" que conmemora el Concilio Vaticano II  [esto no cuenta, porque no es “circunstancia”] (2) el efecto primario e inmediato de la acción es la remisión de la pena debida por el pecado, por tanto bueno (3) y existe causa grave en la medida que refiere al fin último del hombre [pero no interesa porque no estamos ante una acción de dobe efecto] (4).

En definitiva: el sofisma de los monjes de Avrillé  consiste en trasladar una responsabilidad -un “abuso de poder”-  de la autoridad al querer justificar la convocatoria de un Jubileo en una causa mala, a la FSSPX, la que simplemente se limita a “participar de un Jubileo” sin ninguna connotación moral para ella.  

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Parece que el autor del blog "Compendio de errores" no quiso reconocer su error al salir a defender a los sofistas monjes de Avrillé y en su lugar soltó una perorata apta para "convencer" a algún "Jerónimo" que circula por ahí o para ¿autoconvencerse?

Nuestra refutación consistió en dos partes: una primera, sin apercibir el sofisma (como le pasó al bueno de Mons. Fellay... tengamos en cuenta que un sofisma es un argumento capcioso que se pretende hacer pasar por verdadero...) pero que igualmente destruía el razonamiento, recurriendo a que se trataba de una acción de "dobe efecto" donde el bien era infinitamente mayor que el mal que pudiera causarse que consistiría en "lo que los demás pudieran pensar" siendo que ésto ni siquiera podría constituir un "escándalo", ya que los modernistas no necesitan de la participación de la FSSPX en el Jubileo para estar seguros de las bondades del Concilio...una segunda parte, habiendo descubierto el sofisma, que el contradictor NO pudo contradecir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario