jueves, 17 de noviembre de 2016

Ante un posible reconocimiento canónico

El posible próximo "reconocimiento canónico" de la FSSPX está poniendo nervioso a más de uno, al coludo y a sus adláteres, a los que abandonaron el barco de la pequeña pero señera embarcación así como a los que nunca posaron sus pies en ella y a los que sí lo hicieron -y lo hacen- pero hesitan si tirarse por la borda o no. 

La urgencia viene dada por el vencimiento del plazo del "Año de la Misericordia" -durante el transcurso del cual se concedió validez al Sacramento de la Confesión impartido por sacerdotes pertenecientes a la FSSPX- que hace suponer que la "misericordia" habrá de proseguirse de algún modo respecto de la mencionada institución. Algunos dichos recientes del Superior General, interpretados en forma algo sesgada, lo confirman.

Repasemos las actitudes que mencionamos al principio: la del coludo y sus adláteres no es nueva, se manifiesta cada tanto a través del Anticristo o de algunos Prelados o conjunto de ellos llamados "Conferencias episcopales" bajo amenazas más o menos veladas;  la de los que abandonaron la Institución es enfermiza y proviene de gatos de distintas razas: british shorthear, exóticos, pelicorto americano o europeo y algún siamés,  aunque todos ellos con una característica en común y es que son algo asustadizos (no los criticamos por ello, sí por ir a refugiarse en una cuna de gatos que no es la debida); los que nunca posaron sus pies, no han entendido nada del combate de la Tradición, pero si se avienen, no debemos reaccionar respecto a ellos como lo hizo el hermano mayor del "hijo pródigo"; los que hesitan son un caso difícil, y en virtud de que la línea marcada desde la Superioridad es clara, si por caso tuvieran tentaciones gatunas, ya deberían haber tomado la decisión que más les conviene, porque eso de esperar a los acontecimientos para "rasgarse las vestiduras" no es de buenos cristianos...

Veamos ahora la actitud católica. Supone el reconocer el carácter testimonial-esjatológico de la FSSPX, el cual tuvo este derrotero: una parte exclusivamente testimonial (de defensa de la doctrina y liturgia de siempre) con un status al principio canónico y luego otro en apariencia ilícito ("suspensión a divinis") hasta desembocar en la "muerte espiritual" también aparente ("excomunión" de los Obispos de la FSSPX) infligida y festejada por los enemigos de la Iglesia (a cuya cabeza se encontraba un pretenso "santo"). Luego, una etapa en la cual quedaron expuestos sus "cadáveres" los cuales "no estaba permitido sepultar", etapa que permanece hasta el día de hoy, si bien existe la posibilidad de que aquellos testigos se hayan "puesto de pie" con los levantamientos de las "excomuniones" y otros reconocimientos romanos. 

Hacemos notar que sólo resta una reivindicación formal del testimonio dado, cuyo tenor no podemos determinar al presente, pero que en ningún caso conlleva otra "muerte", otros "festejos" por parte de los enemigos, otras "exposiciones" de sus cadáveres, otras "puestas en pie"...Si esa reivindicación pasa por la vuelta a la canonicidad oficial, bienvenida será; si lo es por cambios en la Iglesia que hagan que ésta rectifique su rumbo en aras a la "purificación del Santuario", también lo será. 

Ya hemos aclarado que por nuestra parte el "nunc dimittis" sería la validación oficial de todos los Sacramentos impartidos por la FSSPX esta vez sin extensión de plazo y ello por una finalidad exclusivamente apostólica. Tampoco es que nos hagamos muchas ilusiones en ese sentido, pero al menos habremos quitado la "excusa" a los invitados que no quieran acercarse. No nos interesa "per se" un marco canónico, pero recordamos una vez más que  Roma está obligada a otorgarlo (canon 265) y que sólo en caso de esgrimir una causa de justificación legítima es posible sustraerse al mismo.

1 comentario:

  1. Más bien se parece a lo último que menciona, una extensión de facultades. Veremos.

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