lunes, 26 de julio de 2021

El Novus Ordo Missae en el centro de la cuestión



En el centro de la cuestión generada a raíz del Motu proprio "Traditionis custodes" está el de la legitimidad o no del Novus Ordo Missae promulgado por Pablo VI en 1969. Tanto por el hecho de que se opondría a la teología subyacente en la Misa tradicional como por el hecho de que es el que se quiere imponer como única "lex orandi" en el rito latino de la Iglesia católica.

Ante todo debemos admitir que la ilegitimidad del Novus Ordo Missae que sostenemos, no es algo fácil de percibir en el común de los católicos, ni siquiera entre los más avisados. En lo personal, no fue suficiente que se nos advirtiera sobre el peligro que suponía para nuestra Fé.  Con algo de presunción, pensábamos que la asistencia al Novus Ordo no era capaz de lograr ese propósito. Y siempre quedaba a resguardo, como excusa, lo de la Misa (Novus Ordo) "bien celebrada". 

Luego, más tarde, sobrevino una lectura que nos abrió los ojos, acompañada por el convencimiento con que se sostenía y respaldaba la postura de la ilegitimidad por los propios Sacerdotes de la FSSPX y finalmente, un descubrimiento de que todo esto ya estaba dicho y pre-dicho en las Escrituras, con el nombre de "Supresión del Sacrificio perpetuo y colocación de la abominación de la desolación en el lugar santo" (Daniel 12, 11).

Aún así, quedaba un escollo, de orden puramente de derecho, de la ley divina y de la eclesiástica: ¿cómo es posible que un rito promulgado por la Iglesia contenga o bien algo contra la Fe o sea malo por sí mismo? Maxime que el Magisterio lo negaría, como ser  "Auctorem fidei" de Pío VI, que condena el hecho de que se someta a examen la "disciplina aprobada por la Iglesia...como si la Iglesia que es regida por el espíritu de Dios, pudiera constituir una disciplina no sólo inútil...sino también peligrosa o perjudicial" o "Quo graviora" de Gregorio XVI,  al preguntarse si la Iglesia que "es columna y sostén de la verdad...pudiera ordenar ...lo que podría redundar en detrimento de la salud del alma o al desprecio o perjuicio de un Sacramento instituído por Cristo".

La Enciclopedia Católica de 1909  sostiene como siendo opinión común de los teólogos, la de que las normas de disciplina general, tendrían una infalibilidad negativa pero no positiva. Las bases o presupuestos para esta opinón común radicarían en el hecho, que vamos a señalar acto seguido, de que las mismas podrían estar cubiertas por la infalibilidad del Magisterio. Lo de la 'positividad' no logramos entenderlo, por cuanto, por más que algo no sea reputado como herejía, si finalmente conlleva potencialidad de error o daño para las almas, no tendría sentido alguno.

Así pues, es necesario volver una vez más a la infalibilidad papal. Sólo así se interpretan correctamente las aserciones papales que acabamos de citar. En este sentido, lo primero que advertimos es que una  ley litúrgica no sería, en principio,  expresión del Magisterio extraordinario, por cuanto no "define una doctrina en materia de fe o moral" (Concilio Vaticano I),  pero sí podría ser expresión del Magisterio ordinario infalible, en la medida de su innegable vinculación con la Fe (por aquello de "Lex orandi, lex credendi"). Ahora bien, este se expresa por "sentencias definitivas" que buscan zanjar una cuestión y que requieren el consentimiento universal y constante. 

Hacemos un paréntesis para establecer, en base a estos criterios, la naturaleza de la Bula "Quo Primum tempore" de San Pío V, lo que no es apartarnos del tema, ya que la promulgación del Novus Ordo podría haber incurrido en una negación del Magisterio infalible anterior. Esta Bula sería disciplinaria, pero se podría decir que es Magisterio ordinario infalible, ya que es evidente que el Papa emitió una "sentencia definitiva" , autorizando la Misa "a perpetuidad". Por otro lado, la misma fue aceptada por todo el orbe católico y eso hasta 1969. Al haber sido algo que se creyó siempre y en todo lugar, obliga a sus sucesores. Claro que podrían hacerse agregados o supresiones orgánicas (que dejen subsistente el cuerpo de la Misa), tal como ocurrió hasta 1969. En el Novus Ordo los cambios no fueron orgánicos,  sino una construcción nueva, y no fueron aceptados por todos.  

Estos señalamientos hablan de un género de ilegitimidad, que no es de origen, puesto que, como dijimos, los Papas pueden hacer modificaciones a la liturgia, pero sí es de ejercicio, por cuanto una ley nueva no puede ir contra el Magisterio infalible anterior, que expresa la Ley divina (cómo quiere Dios que lo adoremos) y la ley eclesiástica. Y lo mismo que decimos para el Novus Ordo Missae de 1969 lo decimos para el Motu proprio "Traditiones custodes". 

Ahora bien, esta ilegitimidad del Novus Ordo, también se explica por el hecho de que no mira al bien común, y esto nos lleva a poner de manifiesto los motivos sustanciales que dan cuenta de ello, que ameritan que estemos en presencia de "aquello que causa desolación". Y ellos responden al hecho innegable de que es un rito equívoco (tal como lo dejó dicho el P. Calmel) que puede entenderse de manera protestante. Para ello no es necesario recurrir a estudios complejos como el "Breve examen crítico" firmado por los Cardenales Ottaviani y Bacci. Basta con visualizar que en el lugar del altar se ha colocado una mesa, por lo que cualquier fiel pudiera pensar que allí se va a realizar sólo una Cena y no un Sacrificio. Este tema de la mesa no es menor, por cuanto es considerado como el error del "arqueologismo", condenado por la Encíclica "Mediator Dei" de Pío XII, junto con el "uso de la lengua vulgar" o el "traslado de fiestas para una fecha diversa". 

Hemos dejado especialmente de lado el tema de la validez del nuevo rito, el que consideramos prima facie como subsistente a pesar de los cambios sufridos, si bien pudiera pensarse que, dada la nueva eclesiología que subyace en el nuevo rito, la "intención" del Sacerdote pudiera en ocasiones verse comprometida. A la vez, el descuido de las rúbricas y la inventiva a que se deja librado, pudiera implicar el uso de materia no apropiada para la confección del Sacramento.

En resumen, el Novus Ordo no es expresión del Magisterio extraordinario u ordinario infalible, desde que no se quiso imponer en forma definitiva ("a perpetuidad" o bajo anatemas) y puesto que contradice el Magisterio anterior (no es lo que "se creyó siempre") y que no fue aceptado "por todos" al momento de su promulgación (por caso, se opusieron a él el P. Calmel ya citado, el P. Gommar de Pauw, el propio Monseñor Marcel Lefebvre, etc). No es rito católico y por tanto, no obliga al fiel.


miércoles, 21 de julio de 2021

A los tibios los vomitaré de mi boca

 


«Conozco tus obras: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Por eso, porque eres tibio, te vomitaré de mi boca." Ap 3, 16


Dios detesta más a los tibios que a los malos. Detesta más a la "Fraternidad San Pedro" en su reciente comunicado o a la "Administración apostólica San Juan María Vianney" en la persona de Monseñor Rifan, que al propio Papa Francisco. Este último es conciliar de formación y en la práctica, pero no anda navegando entre dos aguas, el conciliarismo y el tradicionalismo, como hacen los primeros. En tal sentido, destacamos el lúcido artículo aparecido en el portal "Adelante la Fe" , titulado "Francisco no se equivoca".

Claro está, esta observación que acabamos de hacer no disculpa la maldad del Papa Francisco. Pero la paradoja es que si el contenido del Motu proprio se hubiese acompasado con su título,  "Custodios de la tradición" y,  en forma inversamente proporcional, hubiese prohibido la misa novus ordo y dispuesto que la única "lex orandi" de la Iglesia es la Misa inmemorial codificada por San Pío V, esta medida hubiese sido absolutamente legítima y necesaria. Parecería que estamos ante una de esas monerías del Diablo, adelantándose quizás a una futura disposición en ese sentido, cuando llegue la "purificación del Santuario".

Hemos leído una hipótesis un tanto descabellada pero no inverosímil en cuanto a que la verdadera intención del Papa Francisco sería la de favorecer a la Fraternidad San Pío X, a la que ya reconoció administrativamente en Argentina y a la que concedió facultades de orden sacramental. 

Lo primero que debemos decir a esto es que, si así fuera, el "fin no justifica los medios" (del mismo modo que se nos dijera que la verdadera intención del ecumenismo conciliar es la de traer a los no católicos al redil, puesto que los medios utilizados implican el no proponer la Verdad...). Lo segundo, que la intención última podría no ser la de favorecer a la Fraternidad San Pío X, sino la de constituir a esta en la "reserva de indios" de la Tradición,  para tenerla fuera de los límites de la "incardinación" y quizás la de asestarle un golpe a futuro (¿vuelta a la "excomunión"? ).

Una segunda hipótesis en cuanto a las motivaciones del Motu proprio "Traditionis custodes" es la de que es una decisión eminentemente "política" (de política eclesial), en cuanto a que sería una forma de asestar un golpe a ciertos críticos de su pontificado, que podríamos ejemplificar en un Mons. Viganò, en su calidad de representante de un cierto tradicionalismo. Nuevamente, si así fuera, puesto que las críticas de este último son por lo general justas, el proceder del Papa se apartaría, y por partida doble, de lo que es legítimo. 

La nota que mencionamos al principio (cuyo título conlleva evidentemente ironía) tiene como explicación lisa y llana la de que el Papa quiere  que todo el mundo católico se pliegue a lo que él cree, a los "dioses" a que aludimos en nuestra nota precedente, esto es, a la nueva misa, a los principios conciliares que la sustentan. Una forma de volver a 1970. Es lo más probable y tiene potencialmente un efecto bueno: hacer que los tibios dejen de serlo. Porque debemos dejar en claro que el problema no es la libertad de la Misa para todos sino que la misma debería en todos los casos ser acompañada de la verdadera doctrina. 

Pero por lo visto, por los posicionamientos que evocamos, los tibios quieren seguir siendo tibios y no están dispuestos a comprar "colirio". 

 

viernes, 16 de julio de 2021

Motu proprio "Traditionis custodes" o el incienso a los dioses



Antes de promulgado el motu proprio "Summorum pontificum" por el Papa Benedicto XVI, nos mostramos aprensivos. Nos preguntábamos a qué efectos la FSSPX solicitaba algo (la libertad de la Misa) que ella había logrado salvaguardar y perpetuar. Dedujimos que la petición a las autoridades -a efectos, se decía,  de ´crear confianza'  en vistas a un probable acuerdo canónico- podía ser una concesión a los recalcitrantes o aún una forma de postergar una decisión dificultosa.  Luego, un sacerdote de la FSSPX -que ahora no forma parte de ella- nos argumentó que existía un derecho intrínseco a esa libertad, lo que en un principio disipó nuestras dudas.

Visto así, la cuestión no planteaba problemas, al punto que adherimos no sólo a la petición sino también a su implementación habiendo reunido un "grupo estable" que la solicitó y habiendo contado con el visto bueno de un párroco receptivo y, suponemos, del episcopado. Eran los tiempos del ahora Papa emérito y todos debían, de buena o mala gana, hacer buena letra.

No obstante, las dificultades no se hicieron esperar: por el lado de los oficiantes, una doctrina no del todo íntegra en algunos casos;  por el lado de las graciosas autoridades, una equiparación de ritos contrapuestos en la base misma del documento (tolerable en la medida que "liberaba" la Misa de la prohibición de hecho a la que estaba sometida)  y más "palos en la rueda" a medida que la irradiación de los efectos buenos de la Misa se hacían cada vez mayores. Los institutos "tradicionales" que la promueven o cuyos estatutos se lo permiten u obligan, presentando dificultades para establecerse en algunas diócesis o bien siendo exigidos a renunciar a ciertos principios doctrinales. 

En definitva, un experimento fallido, que lo aproximó -aunque ello no haya sido así en el "espíritu de la ley"- a un indulto más que a un derecho pleno.

Así las cosas, qué debemos pensar de las "restricciones" de "Traditionis custodes"? 1) Dejan de lado el experimento fallido y vuelven a exigir el "incienso" a los dioses: misa novus ordo como única "lex orandi", sometimiento a los principios conciliares que le dan sustento, decisión final de los Obispos ("Nerones" de turno la mayoría de ellos), reducción al estado de "catacumba" para los que persistan en su celebración...2) Ponen en una prueba de fuego a los “neo tradis”: o desobedecen el poder de la "Roma imperial" o pasarán a engrosar (si es que no lo han hecho ya) las filas de los apóstatas del "Falso profeta" conciliar.


Es esto una contradicción con nuestras posturas pasadas? En lo más mínimo: 1) el derecho a la Misa tradicional es absoluto, por ser "norma inmemorial" inderogable, por estar autorizada "a perpetuidad" en la Bula "Quo primum tempore" de San Pío V. Su prohibición de hecho, con "indultos" en abuso de poder, exigía su liberación completa; 2) un instituto que esté en "acuerdo canónico",  ante cualquier limitación a la Misa tradicional, tiene un claro "estado de necesidad" para desobedecer esa orden ilegítima y hacer el bien ("es lícito hacer el bien en sábado..?" Mc 3, 4).

martes, 30 de marzo de 2021

Nuestro comentario al capítulo I de la mini serie documental sobre el Apocalipsis (III)


Antes de proseguir con el comentario, reiteramos que la crítica que hacemos al video en modo alguno supone un demérito para la producción audiovisual, la que por otra parte y dado el medio utilizado,  tiene potencialidad de llegar incluso a no católicos para su instrucción. 

Lo que es de lamentar es el hecho de que se haya perdido la oportunidad de ajustar la interpretación de las Escrituras a la realidad. Aunque ello hubiere supuesto el dejar de lado, por un instante, la exégesis del P. Castellani. El mismo,  sin perjuicio del mérito de haber condensado y conferido autoridad a ciertas explicaciones de autores pasados (por caso, las "trompetas" como herejías, etc), no es ni ha sido "profeta" infalible del último libro de la Revelación, no habiendo percibido, entre otros, el pasaje de la Iglesia de Filadelfia a la de Laodicea mediando los cambios sufridos por la Iglesia en la misma época que él vivía.

Decíamos que había algunos otros errores que no se explicitan pero que se pre anuncian en el video. Pues bien, se trata, en concreto, del hecho de postergar la aparición del Anticristo y de rodear la misma de unas connotaciones de persecución sangrienta que ciertamente están en el imaginario colectivo y que han sido postuladas por algunos autores, pero que no deja de estar completamente alejado de la verdad.

En nuestro Album, si bien mantenemos reserva en cuanto a los principales componentes del "misterio de iniquidad", dejamos traslucir que ese Anticristo ya está entre nosotros y que su persecución, no obstante alcanzar a veces a los cuerpos, se concentra en las almas, habiendo Satanás aprendido la lección que menciona Tertuliano de que "la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos". Por ello, cuando el video prevé como futura la aparición del Anticristo y le otorga un carácter de persecución sangrienta a su reinado, equivoca el rumbo.

De hecho, el obrar primordial de aquél se dirige a pervertir o desnaturalizar (abolir)  la Fe y la Liturgia: "proferirá palabras contra el Altísimo, oprimirá a los santos del Altísimo y pretenderá mudar los tiempos y la Ley" (Dn 7, 25). Todo esto ya es historia y ocurrió todo a lo largo de las últimas décadas del siglo pasado, estando ahora en los estertores. 

Algunos que no quieren ver esto, no tienen más remedio que inventarse "Anticristos" o buscar el cumplimiento de las profecías en sucedáneos. Así por ejemplo, el candidato para lo primero pasa a ser, indefectiblemente, el Papa Francisco (el cual, con todos sus errores -muchos de los cuales se deben a una deficiente formación- no es el peor de los Papas conciliares) y para lo segundo, se busca el cumplimiento de la "supresión del Sacrificio" no en el Novus ordo sino en la prohibición circunstancial de la Misa a causa del covid o en la prohibición reciente de las Misas en el recinto vaticano, etc

En forma concomitante, el video comete el error de difuminar el "remanente fiel", queriéndolo identificar con los "tradicionalistas" en sentido amplio. Rescatamos que en el pasaje en que se explaya sobre el tema figure el Arzobispo Marcel Lefebvre. Toda la exégesis de los tiempos finales apunta a que ese "remanente" es muy circunscripto: tiene fecha de nacimiento y es expresión fiel de los Testigos del tiempo final (cuyo accionar se corresponde con el "segundo ay" y que luego se proyecta al "tercer ay" o segunda mitad de la última "semana de años" a que alude el profeta Daniel). 

Respecto de estos últimos, recomendamos nuestra entrada "A vueltas con Elías " la que  se ve reforzada por el Capítulo XIV del Apocalipsis en el pasaje relativo a los "tres heraldos de los juicios de Dios", que se pueden corresponder con los Testigos que mencionamos (recuerden que Benedicto XV está entre ellos, por su impronta misionera propia de "Filadelfia") desde que se dice que el primero "tenía que anunciar un Evangelio eterno para evangelizar a los que tienen asiento en la tierra...", al igual que el "tienes una puerta abierta" de Ap 3, 8. Lo interesante es destacar el comentario de Straubinger en el sentido de que los tres ángeles "serían, según el sentir de muchos autores eclesiásticos, tres grandes predicadores,  y este primero sería en tal caso Enoc..." El tercero bien podría ser Mons. Lefebvre, ya en la época anticrística actual. 

La mayoría de los exégetas ubicaron al Anticristo en la Iglesia de Laodicea, por ser la última que se describe y por la expresión "estoy a la puerta y llamo". Debemos reiterar, puesto que ya lo consignamos en el Album, de que somos "intervencionistas no milenaristas" (a la par que Santo Tomás, el Abbé Arminjon, etc). Esa intervención ha sido denominada "juicio de las naciones",  puesto que se trata, ciertamente, del Jinete en el "caballo blanco" de Ap 19, 11. Pero  no debe confundirse con la venida en las "nubes del cielo" para juzgar a vivos y muertos y el juicio final del "gran trono" de Ap 20, 11.

lunes, 29 de marzo de 2021

Nuestro comentario al capítulo I de la mini serie documental sobre el Apocalipsis (II)

Ya nos hemos referido a lo que para nosotros es un error en la secuencia de las "cartas a las siete Iglesias" que exhibe el video que comentamos,  error que,  tal como consignamos en comentario al pie de la entrada anterior, es tanto más de lamentar cuanto que el propio P. Castellani señalaba que los contemporáneos de las profecías estamos en mejor condición que los antiguos para explicar las profecías, no por méritos intelectuales sino por tener ante nuestros ojos lo que antes estaba velado.

Pero en este error (hay otros que no se explicitan todavía pero se pre anuncian) subyace el error fundamental del "milenarismo espiritual o mitigado" el que,  tal como sugerimos en el párrafo anterior, no por el hecho de haber sido sostenido por el P. Castellani debe ser incorporado como una verdad, cuando los acontecimientos actuales nos permiten efectuar otras aplicaciones del texto sagrado. Porque convengamos desde ya que el problema no es la existencia de un tiempo o Reino de paz para después de la caída del Anticristo, sino el de conferirle sin más a ese tiempo o Reino las características del "Milenio espiritual" que le otorga el P. Castellani (y otros autores antes que él) como ser una duración cuasi matemática de "mil años" y la existencia de  una "revuelta final" (de "Gog y magog"), que entonces vendría a ensombrecer el triunfo final de Cristo en su Parusía...

Digamos de entrada que el "milenarismo espiritual" no fue nunca una doctrina común (si así lo fuera hubiese sido parte del depósito infalible de la Fe). Es cierto que Padres de la Iglesia de gran renombre, especialmente en Asia menor, lo sostuvieron, como ser Papías, Justino, Ireneo, Melitón de Sardes, Hipólito de Roma, Ambrosio, Lactancio y el mismo San Agustín en su juventud. Pero siempre fue rechazado por la Iglesia oficial  de Roma (excepto el caso de Hipólito). Justino, por otra parte, se expresa a título particular cuando sostiene su milenarismo : "yo, por mi parte..." , lo cual da a entender que no es opinión común la de sostener esa postura, y afirma que "muchos cristianos, de la pura y piadosa sentencia, no admiten estas ideas". 

De más está decir que el "milenarismo espiritual" tampoco fue sostenido "siempre" tal como se desprende de la crítica de San Jerónimo o de la obra de madurez de San Agustín o  de los decretos del Santo Oficio de 1941 y de 1944 por los cuales "el milenarismo o quialismo (aun mitigado o espiritual) no puede ser enseñado con seguridad" o la fe de la Iglesia, que no conoce más que dos venidas de Cristo y no tres.

El término clave para explicar el capítulo XX del Apocalipsis es el de "encadenamiento" de Satanás. El mismo no es un absoluto que implique, como lo sostuvo el P. Castellani, una ausencia de todo mal. La imagen que lo aclara, atribuida al mismo San Agustín, es la de que el demonio es como el perro atado a  la cadena, que sólo va a morder a quien se le acerca y ello es una constante en toda la historia de la Iglesia. Cristo ya venció: "el príncipe de este mundo ha sido juzgado" (Jn 16, 11) y por ello está "encadenado", pero llegará un tiempo (el actual) en que los hombres se verán más tentados de acercarse a él, poniendo en peligro su alma.

Sabemos (con Santo Tomás y otros autores) que para después del Anticristo hay una victoria temporal de la Iglesia, donde los hombres no volverán a acercarse en demasía a ese "perro encadenado", por lo que bien puede ser llamado "milenio",  pero que sería un "milenio discontinuo" porque , como dijimos, toda la época desde Cristo debe ser considerada "milenio", exceptuado el "poco tiempo" dado a Satanás para una mayor acción, tal como se desprende de la propuesta que formuló el demonio a Cristo en visión que relata León XIII: "de setenta a cien años para destruir a tu Iglesia" y que fuera concedida por Cristo. Dicho sea de paso, el exorcismo inspirado de León XIII a resultas de esa visión, impreca, para nuestro tiempo, "que Satanás no seduzca más a las naciones". Pero en ningún caso hay una doble "soltura de Satanás" (una para la época anticrística -que precede la Parusía- y otra para el final de un pseudo milenio post parusíaco).

El cuanto a la "primera resurrección" que menciona el capítulo XX del Apocalipsis, no parece ser el objeto de la condena del decreto del Santo Oficio, puesto que sería algo accesorio ("sea con la previa o no previa resurrección de muchos justos..."). Hay pasajes escriturísticos que hablan de una  resurrección única y simultánea para todos (Jn 5,  28;  6,  54;   Mt 25,  46;  I Cor 15,  51 - 53) y otros que pueden dar a entender una progresión (además de que una resurrección parcial ocurrió el Viernes santo: Mt 27, 51):  I Cor 15,  22 - 26 , Dn 12, 2.  Puesto que, en nuestra exégesis, hay un anticipo de la Venida física (figurado como "resplandor" o como "soplo de su boca")  pero que es denominado ya como Venida (Lc 18, 8; 21, 34, etc), no es de descartar la última hipótesis.

viernes, 26 de marzo de 2021

Nuestro comentario al capítulo I de la mini serie documental sobre el Apocalipsis



En un post precedente habíamos hecho alusión al entonces proyecto de mini serie documental sobre el Apocalipsis producido por Caravel TV que ahora reproducimos. Allí mostrábamos nuestro beneplácito por el proyecto, sin dejar de percibir un cierto paralelismo -en la concepción- con nuestro Album del Apokalypsis, al tiempo de advertirles de la premura con la cual debían llevar a cabo el proyecto (una vía indirecta para indicar que nos encontramos en el final del final de los tiempos, por si no lo habían asumido).

Retomando entonces aquellas consideraciones, ante el primer capítulo ya publicado en la red, nos permitimos efectuar, en esta ocasión, las siguientes:

La idea, desde el punto de vista técnico, nos parece muy bien lograda, por lo que felicitamos desde aquí a los cineastas. Lo interesante es que la red cuenta con millares de videos sobre el tema, la mayoría concebidos por protestantes, los cuales distorsionan, como no puede ser de otra manera, el enfoque dado al Apocalipsis o a los tiempos del fin. Con esta producción se salva la carencia que existía en esta materia en ámbitos católicos. 

Desde el comienzo vislumbramos (sin tener prueba fehaciente de ello) que pudimos haber servido de inspiración para la idea, por el paralelismo con nuestro Album, que dejamos dicho. No pretendemos con ello tener "derechos de autor", pero habríamos visto con buenos ojos que los guionistas hubieran realizado una suerte de "ateneo" con aquellos que nos hemos adentrado en estos temas, al menos los de habla hispana. 

De una tertulia de ese tipo, hubiese resultado claro que hay un quiebre entre las Iglesias de Filadelfia y de Laodicea que no es la Segunda Venida, puesto que el "estoy a la puerta y llamo" significa, como lo señala Straubinger, que "lo que aquí se indica es, con mayor apremio, lo mismo que las cartas precedentes", esto es, precisamente, la Parusía, la que por tanto, a diferencia de lo que se afirma en el video, no tiene lugar en Filadelfia. Como señalan todos los comentaristas, la Iglesia de Filadelfia es la única que no merece reproche alguno de Dios, claro está, por su fidelidad a la Doctrina, aun en medio de las mayores asechanzas de sus enemigos. Repetimos que las "cartas a las siete Iglesias" describen a los fieles pero también a su jerarquía. De hecho, si la "Revolución francesa" fue de tales consecuencias que permiten ubicarla como el final de la "Iglesia de Sardes" y el comienzo  de la "Iglesia de Filadelfia", con más razón la "Revolución francesa en la Iglesia" (Concilio Vaticano II) ha de representar ese "quiebre" que introduce la "Iglesia de Laodicea".

Quizás ello exija, de nuestra parte, el explicar porqué la característica de nuestro tiempo es la "tibieza", la cual aparentemente sería incompatible con las herejías que hicieron eclosión con el Concilio Vaticano II y de las cuales fueron fieles exponentes los "Papas conciliares". En realidad, los mismos fueron (y son) profundamente liberales y fueron  capaces de exponer, a la vez, las más osadas herejías junto con alguna que otra reafirmación de lo tradicional (por caso, "Humanae vitae" para Pablo VI u "Ordinatio sacerdotalis" para Juan Pablo II). En tal sentido, no son "ni fríos ni calientes", lo que no los excusa, y los hace merecedores de ser "vomitados de la boca" del Señor (Ap 3, 16).

Asimismo, anticipamos que, al no seguir esta secuencia, los autores se verán enfrentados a dificultades de exégesis en los capítulos siguientes, por cuanto todo en el Apocalipsis sigue una línea lógica. De hecho, nos parece a nosotros que ninguno de los septenarios alude al "Reino de paz" : este es incompatible con cualquier "tibieza" y es definitivo (no hay "revuelta final"); los sellos culminan con el misterioso "silencio de media hora" que más parece a un preámbulo que a un estado definitivo o de larga duración; las trompetas finalizan con lo que para nostros es el último "ay", el que a su vez señala la segunda mitad de la última "semana de años" o "gran tribulación" (en la que nos encontramos, por si hay algún despistado) y las copas o redomas finalizan con la caída definitiva de "Babilonia". De ello se sigue que no se menciona en ninguna parte, en estos capítulos,  al pseudo "milenio" ni siquiera a nuestro "Reino de paz" (de duración corta y sin revuelta final). 

La explicación de esta omisión que acabamos de describir es compleja. Pero pensamos que todos los septenarios se terminan con el "resplandor de la Venida" de Cristo, que es ya la Venida (en forma anticipada a la Venida física, del mismo modo que la Resurrección de Cristo precedió a su Ascensión o, para ejemplificarlo con la liturgia, la oblación que es ya un anticipo de la Presencia real), pero no se enfocan en la misma sino en lo que la precede. Por lo dicho, las "cartas a las siete Iglesias" no podrían divergir del resto en este tema. 

Nuestro sistema ofrece fechas tentativas para el desenlace, las que mantenemos y reafirmamos con nuevas iluminaciones, aunque claro está, con el inconveniente de que, hasta tanto ello no se produzca, los escépticos llevarán la delantera..."he aquí que vengo como ladrón" (Ap. 16, 15)

jueves, 25 de junio de 2020

Benedicto XVI y la "salida" del Vaticano



En estos días la prensa católica y en particular algunos medios católicos han analizado el viaje que Benedicto XVI realizó a su tierra natal, más concretamente a la ciudad de Ratisbona,  con el alegado motivo de visitar a su hermano enfermo, el P. Georg Ratzinger de 96 años  (el Papa emérito tiene 93 años).

El hecho no pasó desapercibido, ya que se trata de la segunda vez en siete años que deja su retiro, la primera ocasión fue para pasar unos días en Castel Gandolfo, cerca de Roma. La comitiva estuvo integrada, en la reciente visita, por su secretario, el Arzobispo Georg Ganswein, algunas religiosas y personal de seguridad. 

Nosotros ya hemos definido lo que nos pareció el pontificado del Papa alemán (y en esto podemos ver alguna coincidencia con la visión del ex Arzobispo Vigano el cual expresó que el mismo significó una suerte de 'desaceleración' de la Revolución conciliar): un Papa 'conservador' pero de los 'logros conciliares', especialmente los de su predecesor, de quien continuó la línea sólo con un barniz 'tradicional'. Su mayor mérito en este sentido fue la liberación de la Misa tradicional y el levantamiento de las 'excomuniones' a los Obispos de la FSSPX (y en esto ofició como causa necesaria para que Francisco otorgara de hecho un reconocimiento canónico a la referida Fraternidad).

Lo cierto es que se especuló mucho sobre las verdaderas intenciones del viaje, desde remarcar que el escudo de la ciudad de Ratisbona presenta dos llaves al modo de las llaves del Vaticano, pasando por la eventualidad de que el Papa emérito no regresara al Vaticano, hasta señalar lo raro que este viaje suponía. Pero nos queremos detener en una de estas especulaciones, que es la que trae a colación uno de los sueños de San Juan Bosco, que dicen relación a un Papa que sale del Vaticano con su séquito para luego hacer un retorno triunfal, con canto de 'Te Deum' incluído.

Transcribimos algunos pasajes (el texto completo, en portugués, se encuentra aquí): 

"En ese momento, se vio una multitud de hombres, mujeres, ancianos, niños, monjes, monjas y sacerdotes, con el Pontífice al frente, dejando al Vaticano en procesión. Pero he aquí hay una tormenta furiosa que oscurece algo esa luz. Una batalla parecía librarse entre la luz y la oscuridad. Llegamos a una pequeña plaza cubierta de muertos y heridos, muchos de los cuales pidieron consuelo en voz alta.

Las filas de la procesión se volvieron bastante delgadas. Después de caminar por un espacio de doscientos amaneceres, cada uno se dio cuenta de que ya no estaba en Roma. El asombro invadió los espíritus de todos, y todos se reunieron alrededor del Pontífice para proteger a su persona y ayudarlo en sus necesidades.
(...)
Cuando, por fin, pisó la ciudad santa, comenzó a llorar por la desolación en la que se encontraban los ciudadanos, muchos de los cuales ya no existían. Al entrar de nuevo en Roma, cantó el Te Deum, que fue respondido por un coro de ángeles, cantando: 'Gloria in excelsis Deo, et pax in terris hominibus bonae voluntis'. Cuando terminó el canto, la oscuridad había cesado y apareció un sol muy brillante. Las ciudades, los pueblos, los campos tenían una población muy reducida, la tierra estaba pisoteada como por un huracán, una tormenta y un granizo, y la gente se dirigía a los demás diciendo con un espíritu conmovido: "Hay un Dios en Israel". Desde el comienzo del exilio hasta la canto del Te Deum, el sol salió doscientas veces. Todo el tiempo necesario para lograr estas cosas corresponde a cuatrocientos amaneceres ".

Pues bien, la analogía pretendida con la 'escapada' de Benedicto XVI se termina allí. En realidad, nuestra interpretación del sueño es otra: la "noche oscura" es la que comenzó con Juan XXIII, la 'luz esplendorosa' es la de [ed. las apariciones de Fátima], la "salida del Vaticano" (del Pontífice y su séquito de seglares y clérigos) no puede ser  sino una 'salida' de la verdadera doctrina con 'muertos y heridos' que son las víctimas de esas desviaciones. Le sigue un estrechamiento de las filas de los fieles (la 'apostasía' se hace general); el 'percibir que no se estaba más en Roma' no tiene sentido si se refiere a una salida física y no es otra cosa que la toma de conciencia (por parte de algunos) del hecho de haberse apartado de la doctrina y liturgia tradicionales. 

Luego se ve al Papa (aclarando que no debemos personalizar), el cual es rodeado por los fieles asustados que buscan reunirse entorno suyo y asistirlo en sus necesidades, pero los 'hijos verdaderos' imploran todavía su retorno  y por ello estamos en condiciones de afirmar que, al presente, ni Benedicto ni Francisco están en la verdadera doctrina (dicho esto para los 'benevacantistas' pero también para los 'franciscofóbicos' que dejan de rezar por su conversión). Acto seguido, se describe el auxilio de la Madre de Dios a través de 'ángeles' o mensajeros que sugieren que  'los pobres serán los evangelizadores de los pueblos' y de entre ellos se tomarán a los 'levitas' (ya no habrá cabida para los 'expertos' o los 'teólogos'). Y finalmente, la 'vuelta a Roma', que no puede significar otra cosa que el retorno a la Tradición, pero en un cuadro de desrucción material y humana, lo que hace suponer que dicho triunfo sigue a un juicio general, que será el anticipo de la Venida de Cristo.

sábado, 20 de junio de 2020

Mas sobre los errores doctrinales del Concilio Vaticano II y soluciones a futuro




La carta de Mons. Viganò ha sacudido el ambiente de comodidad en que estaban sumidos los partidarios de la falsa "hermenéutica de la continuidad", la que, como hemos demostrado en los comentarios al pie de la nota "AyFilemón", resulta imposible de aplicar: no es posible "interpretar" en forma católica a "Dignitatis Humanae" (pero de hecho no se agota en esa Encíclica, los errores pululan y se extienden a las Encíclicas y otros documentos post conciliares). Y se trata de errores de Fe (herejías) y no sólo errores materiales o sin alcance doctrinal.

Tanto es así que nos hemos permitido intervenir en el portal "One Peter Five" (bajo el seudónimo "Luso" para los que lean en inglés) para rebatir los intentos de los modernistas que desafían a quienes impugnamos al Concilio a que "demostremos las contradicciones (y no solo las ambigüedades que alcanzan a admitir) con el Magisterio anterior". De hecho se espera que, atento a la dificultad práctica de encontrar esas pruebas (hay que repasar el vastísimo cuerpo doctrinal previo al Concilio Vaticano II) ello pueda hacer caer la dicha impugnación, pero se equivocan. A pesar de no ser el inglés una lengua que manejamos especialmente, igual acometimos la tarea de mostrar el error del "Indiferentismo" que exhibe Dignitatis Humanae  y también de Nostra Aetate en cuanto a que la "Iglesia mira con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios..."

Es justo reconocer que, en el primer caso, lo hicimos en base a la inestimable colaboración de un anónimo en esta bitácora, que aportó la condena N° 79 del Syllabus como base para esa contradicción (en la oportunidad nosotros habíamos ensayado la demostración de la contradicción por vía de la argumentación tomista de la "libertad para el bien"  y de que "el error no tiene derechos").

En relación a DH, el defensor de la postura de la continuidad en "One Peter Five" se basó en una defensa que a la postre resultó en un sofisma, el que finalmente fue desbaratado por nosotros. Esta vez no se centró en la "obligación de rendir culto a Dios" como fue el caso del contradictor anterior en los comentarios al pie de "Ay Filemón", sino en el hecho de que la salvedad del "justo orden público" incluye -esto dicho por la propia DH- la "salvaguarda de la moralidad pública". El defensor de la postura de la continuidad sostuvo que la "propagación  del indiferentismo", al ser un atentado a la "moralidad", no quedaba pues incluída en la condena del Syllabus.

El argumento es totalmente falaz, como lo demostramos: la distinción entre Fe y Moral está en la Tradición de la Iglesia (e.g. el "objeto de la infalibilidad") y la condena del Syllabus tiene un doble objeto, el "indiferentismo" individual (N° 15-16) y el "indiferentismo" del Estado (N° 79), pero ya la propia libertad de cultos es "indiferentismo", por lo que la salvedad de la "moralidad pública" no puede nunca consistir en la "propagación del indiferentismo", ya que éste se encuentra ínsito en la "libertad religiosa" (como prueba aportamos la cita de Gregorio XVI en "Mirari vos").

Respecto de NA, la discusión se llevaba por otros, y entre los defensores de Verdad se recurría a  silogismos extraídos de las Escrituras que muestran a las claras la contradicción con la afirmación conciliar de que los musulmanes "adoran" al "Único Dios". Basta conocer que los musulmanes no creen en la divinidad de Cristo para ello. Pues no, el defensor de la postura de la continuidad exigía la "contradicción con el Magisterio anterior" (en realidad podríamos nosotros exigirles que ellos demuestren la continuidad, pero son incapaces de hacerlo).

Pues bien, esa contradicción la expusimos así: NA dice que los musulmanes adoran al Dios verdadero, la adoración es un acto de Fe (los musulmanes "no tienen fe": Papa Calixto III) y es un acto de culto (la manera como Dios quiere que lo adoremos: "en Verdad"). "Mortalium animos" de Pío XI cita a Lactancio: sólo la Iglesia católica conserva el culto verdadero...". Con lo cual queda claro que los musulmanes no "adoran" al Dios verdadero. A lo más es adoración "material" pero no "formal" y sabemos que la esencia de algo está dada por materia y forma.

Atento al hecho incontrovertible de los errores conciliares, algunos se preguntan si en el futuro no habría que dejar sin efecto todos los documentos conciliares.  Esto fue tratado por el propio Viganò y ahora por el Abbé Barthe en respuesta a éste último: “Usted muestra con razón que este proyecto, "incluso con las mejores intenciones, socava los cimientos del edificio católico": de hecho, oponer el magisterio de mañana al de hoy, que contradice al de ayer, conduciría al hecho de que ningún acto magisterial jamás sería definitivo. Por lo tanto, en un suplemento del 15 de junio (Iglesia y postconcilio), usted opina que un futuro papa "podría cancelar todo el Concilio".  Si se me permitiera ampliar su análisis, diría que la única solución para contradecir un acto anterior con un acto magisterial es notar que el acto en cuestión no es magisterial en toda su fuerza. Por ejemplo, el Pastor Æternus, del Concilio Vaticano I, en 1870, canceló efectivamente el decreto Frequens del Concilio de Constanza, en 1417, que afirmaba institucionalizar la superioridad del Concilio sobre el Papa. Esta cancelación fue posible porque la Santa Sede nunca reconoció el valor dogmático de Frequens. De la misma manera, con el Vaticano II, nos encontramos en la misma situación que Frequens, ya que los órganos del propio Concilio (Dz 4351) y todas las interpretaciones posteriores significaron que este Concilio era de naturaleza puramente "pastoral", es decir, no dogmático”.

Sin querer agotar el tema, pensamos que lo que afirma el Abbé Barthe parece criterioso y en concordancia con lo que sostuvimos atinente a la infalibilidad del Magisterio.